Más allá del cine, este tema me atraviesa. Como militante, no puedo mirar esta historia sin reconocer el patrón: la prepotencia de instituciones del Estado que deberían cuidar y terminan disciplinando, y una lógica de privilegios donde la oligarquía —económica, judicial o cultural— nunca pisa el mismo barro.

“Belén” pone en escena algo más que un caso judicial: exhibe el rostro crudo de un sistema que castiga la pobreza. La protagonista encarna a miles: una mujer joven, sin recursos, atrapada en una maquinaria que no investiga y condena por presunción.

Inspirada en el caso real conocido como “Belén”, la película se vincula con el trabajo de la directora Cecilia Kang y el libro de Ana Correa, que reconstruye la historia. Entre los rostros principales se destacan Sofía Gala Castiglione, Susú Pecoraro y Mercedes Morán, quienes aportan densidad y humanidad a un relato que incomoda.

A su alrededor, los personajes son casi arquetipos: una policía que actúa con apuro y sesgo; una justicia que legitima esa mirada; y una abogada defensora que, lejos de encontrar garantías, enfrenta amenazas por cumplir su rol.

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