La propuesta de Máximo Kirchner para que Axel Kicillof lo sucediera al frente del PJ bonaerense desató días de desconcierto dentro del llamado “futurismo”. El gobernador y su entorno —entre ellos Andrés “Cuervo” Larroque, Jorge Ferraresi y varios intendentes— habían elegido a Kirchner como adversario interno central y, a través de él, a Cristina Fernández de Kirchner, desde que la ex presidenta decidió no ser candidata para evitar una proscripción del peronismo.

Cristina anunció entonces que no sería pretexto para marginar a una fuerza política que solo fue derrotada cuando presentó candidatos sin peso propio. Para evitar repetir experiencias fallidas, aceptó en 2019 acompañar como vicepresidenta a Alberto Fernández, cuya principal virtud era no generar rechazo.

Desde el futurismo sostienen que, para no reiterar ese fracaso, Kicillof debe tomar distancia de quien lo impulsó. Otros, en cambio, afirman que fue precisamente ese distanciamiento el que llevó al derrumbe del gobierno, cuando el presidente resignó la reelección y cedió el poder a su ministro de Economía, aún atravesado por viejos choques con Cristina.

En política —suele decir la ex presidenta— los agravios prescriben rápido entre dirigentes, pero no para el electorado, que los procesa con lógica de hinchada.

El futurismo había resuelto no aceptar un nuevo mandato de Kirchner al frente del PJ provincial. En 2025, Carlos Bianco expresó que quienes integraran las listas debían responder sin objeciones al gobernador. Sin embargo, ese liderazgo no se impone a los gritos.

En septiembre de ese año, el electorado peronista cuestionó el desdoblamiento impulsado por Kicillof y Bianco, aunque luego el kirchnerismo permitió recomponer la unidad para no favorecer al adversario común. La diferencia fue mínima y presentada como “empate técnico”, una categoría válida para encuestas, no para elecciones.

El armado de listas propias por sección amenazaba con fragmentar al peronismo y beneficiar al espacio libertario. Frente a ese riesgo, Kirchner optó por unificar la conducción política y administrativa, siguiendo el camino de Cristina en 2019. Las resistencias iniciales del futurismo terminaron aceptando la lista única.

Negarse hubiera sido un gesto contradictorio. El argumento de Kirchner fue simple: pensar primero en la gente antes que en los dirigentes.

En la conformación final, Axel Kicillof presidirá el partido con Verónica Magario como vicepresidenta primera; Martín Otermín será vicepresidente segundo; Mariano Cascallares ocupará la Secretaría General y Leonardo Nardini encabezará la Junta Electoral.

Kirchner deja la presidencia del PJ, pero asumirá la del Congreso partidario, un órgano clave para el manejo de fondos y la definición de candidaturas. El documento difundido elogia a Cristina Fernández de Kirchner, lo que sugiere que algunos ya comienzan a leer una etapa que se cierra con la lista única.

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