El gobernador busca mantener su lugar en la mesa libertaria ofreciendo lealtad y votos en el Congreso.

El gobernador Gustavo Sáenz viajó a Buenos Aires con una agenda que, en lo formal, se presenta como institucional, pero que en la práctica responde a un objetivo mucho más urgente: su propia supervivencia política. Oficialmente, mantuvo un encuentro con el ministro del Interior, Diego Santilli, para tratar temas como la ley de derribo, la radarización de las fronteras y la necesidad de un federalismo más equilibrado.

“Saber qué pasará con Ficha Limpia y terminar de una vez con los temas que la gente todavía espera”, declaró el mandatario en A24. Y remarcó: “De nada sirve el Plan Güemes si custodiamos la parte terrestre y no la aérea”.

Sin embargo, detrás de los gestos institucionales y los discursos sobre la unidad nacional, el viaje tiene otra finalidad. Sáenz necesita mantenerse dentro del radar libertario y sostener la utilidad política de su pequeño bloque en la Cámara de Diputados —Outes, Caletti y Vargas— que Milei necesita para encarar las sesiones extraordinarias. Con el oficialismo en búsqueda de cada voto, el gobernador sabe que su capacidad de negociación depende de no perder la línea directa con la Casa Rosada.

El saencismo ya demostró su alineamiento al firmar el Pacto de Mayo, respaldar la Ley Bases y acompañar buena parte de las reformas del Gobierno nacional. Hoy busca reposicionarse como un actor “moderado”, aunque esa moderación parece haberse vuelto su principal coartada: en lugar de defender los intereses salteños, Sáenz administra conveniencias.

Mientras en sus declaraciones insiste en la necesidad de “dejar de lado los intereses sectoriales” y “trabajar todos juntos por la Argentina”, su gobierno enfrenta un desgaste evidente, derrotas políticas recientes y un creciente malestar social dentro de la provincia. En ese marco, el viaje a Buenos Aires se interpreta menos como gestión de Estado y más como un intento por preservar relevancia personal frente a un poder central que no admite disidencias.

Una vez más, Gustavo Sáenz apuesta a la generosidad del presidente Javier Milei. Lo hace desde una posición frágil, ofreciendo apoyo legislativo a cambio de visibilidad. En ese tablero complejo, el federalismo que reclama en los medios parece reducirse, una vez más, al arte de la supervivencia.

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