La política argentina volvió a mostrar una de sus contradicciones históricas: gobernadores que cuestionan en público a la Casa Rosada mientras negocian en silencio los fondos que sostienen la gobernabilidad, la obra pública y su propia supervivencia política. Y en Salta, los números dejaron esa doble cara completamente expuesta.

Mientras el gobernador Gustavo Sáenz denuncia el abandono del gobierno nacional y reclama recursos para rutas, transporte e infraestructura, la provincia terminó siendo una de las más beneficiadas por el reparto discrecional de fondos realizado por la administración de Javier Milei.

Los datos son contundentes. En abril de 2026, Salta recibió 3.965 millones de pesos en transferencias no automáticas. Pero el dato verdaderamente político aparece al observar el origen de esos recursos: 3.500 millones llegaron mediante Aportes del Tesoro Nacional (ATN), es decir, dinero distribuido directamente por decisión de la Casa Rosada. En otras palabras, casi el 90% de los fondos extraordinarios enviados a Salta dependieron exclusivamente de la voluntad política del gobierno nacional.

En medio de un ajuste brutal sobre las provincias, donde las transferencias discrecionales cayeron, en promedio, un 53% interanual en términos reales, Salta sufrió una baja del 59,3% en abril. Sin embargo, cuando se analiza el acumulado anual, la situación cambia radicalmente. Entre enero y abril de 2026, la provincia recibió 14.248 millones de pesos, registrando un crecimiento real del 24,7% respecto al mismo período del año anterior. Mientras gran parte del país perdía recursos, Salta consiguió aumentar los ingresos extraordinarios enviados desde Nación.

Y la explicación no es económica: es política.

De esos 14.248 millones acumulados en el primer cuatrimestre, 11.000 millones fueron enviados mediante ATN. Es decir, más del 77% de toda la asistencia extraordinaria dependió de transferencias discrecionales. El dato adquiere todavía más peso cuando se observa el mapa nacional: Salta fue la quinta provincia que más ATN recibió en toda la Argentina, solamente detrás de Misiones, Mendoza, Corrientes y Neuquén.

Nada de esto parece casual. Mientras crecían las transferencias, también se profundizaban los gestos de acercamiento político entre el gobierno salteño y el oficialismo libertario. Las reuniones reservadas, las negociaciones permanentes y el acompañamiento de legisladores nacionales en votaciones clave dentro del Congreso forman parte de una lógica conocida: apoyo político a cambio de recursos.

El cuadro nacional ayuda a entender la magnitud del problema. Durante abril, el gobierno nacional distribuyó apenas 154.643 millones de pesos entre todas las provincias y la Ciudad de Buenos Aires: el segundo peor abril desde 2005 en materia de transferencias discrecionales. Incluso en años de crisis profundas, los envíos habían sido superiores.

Pero el ajuste tampoco fue uniforme. Buenos Aires absorbió el 25,7% del total nacional y las diez provincias más favorecidas concentraron el 80% de todos los recursos distribuidos. Dentro de ese esquema desigual, Salta logró mantenerse entre las jurisdicciones privilegiadas gracias al peso extraordinario de los ATN.

Y ahí aparece la verdadera discusión de fondo.

Mientras se paralizan obras públicas, se recortan programas educativos, cae el financiamiento sanitario y desaparecen políticas territoriales, la Casa Rosada conserva una enorme caja política para repartir discrecionalmente. El federalismo automático retrocede y avanza un sistema basado en la dependencia política.

Por eso, el debate no pasa solamente por cuánto dinero recibe Salta, sino bajo qué condiciones lo recibe. Porque cuando más del 77% de la asistencia extraordinaria depende de decisiones discrecionales del poder central, la autonomía provincial empieza a convertirse en una ficción.

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