La falta de señales físicas y la dificultad para asumir la enfermedad retrasan el pedido de ayuda. Desde el Programa de Juego Responsable de Enreja remarcan que, en la mayoría de los casos, son los familiares quienes dan el primer paso para buscar asistencia.

Una persona con adicción al juego puede demorar entre cinco y ocho años en reconocer que las apuestas se convirtieron en un problema y que necesita tratamiento. Así lo advirtió la responsable del Programa de Juego Responsable del Ente Regulador de Juegos de Azar (Enreja), Andrea Temporetti, quien explicó que la ausencia de manifestaciones físicas visibles hace que esta adicción sea más difícil de identificar que otras.
La especialista señaló que quienes desarrollan un juego patológico suelen tomar conciencia cuando las consecuencias ya afectan distintos aspectos de su vida, como las relaciones familiares, el trabajo, la economía personal y los hábitos cotidianos. El incremento del dinero destinado a las apuestas y la acumulación de deudas aparecen entre las principales señales de alerta.
Según indicó Temporetti, la bibliografía especializada establece que el reconocimiento del problema puede tardar entre cinco y ocho años, un período durante el cual la enfermedad continúa avanzando sin que la persona solicite ayuda profesional.
Desde el Programa de Juego Responsable señalaron que, en muchos casos, son los familiares quienes se comunican primero con el organismo para recibir orientación sobre cómo actuar frente a un ser querido con problemas de juego. Si bien algunas personas buscan asistencia por iniciativa propia, la aceptación de la enfermedad y la continuidad del tratamiento suelen presentar mayores dificultades que en otros tipos de adicciones.
La especialista también advirtió que el entorno familiar puede, sin intención, prolongar el problema cuando asume las deudas generadas por las apuestas. Esa ayuda económica puede ser interpretada por la persona como una oportunidad para continuar jugando, en lugar de iniciar un proceso de recuperación.
Desde Enreja prefieren utilizar las expresiones «adicción al juego» o «juego patológico» en lugar de «ludopatía», con el objetivo de evitar la estigmatización y reforzar que se trata de un problema de salud mental que requiere abordaje profesional.
El Programa de Juego Responsable funciona desde hace más de 16 años y brinda información, orientación y derivación a personas afectadas y a sus familias. Aunque no realiza tratamientos clínicos, deriva los casos a profesionales especializados, obras sociales o servicios de la Secretaría de Salud Mental, y recomienda buscar asistencia cuando las apuestas comienzan a comprometer la economía, los vínculos familiares o el desempeño laboral.





