El 28 de agosto de 1945 apareció en las calles de Buenos Aires el primer número de Clarín. Fundado por Roberto Noble, joven abogado, periodista y político de origen socialista que terminó aliado con los sectores conservadores, el diario pronto se diferenció de sus competidores gracias a su formato tabloide —más accesible— y a un estilo directo y popular que lo acercó a los sectores medios y trabajadores.
Lo que en un inicio parecía un modesto emprendimiento terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en el multimedio más poderoso de la Argentina y uno de los más influyentes de América Latina. La clave no estuvo tanto en el ingenio periodístico como en la capacidad de tejer relaciones con los gobiernos de turno y obtener de ellos beneficios que consolidaron su crecimiento.
Los orígenes de Noble
Noble inició su militancia en el Partido Socialista, pero muy pronto viró hacia posiciones conservadoras. Se integró al Partido Socialista Independiente y fue ministro de Gobierno de Manuel Fresco en la provincia de Buenos Aires durante la llamada “década infame”, con un ideario marcado por el corporativismo, el anticomunismo y el pragmatismo político. Tras un obligado exilio interno, en 1944 comenzó a delinear su gran proyecto: fundar un diario que lo acercara nuevamente al poder.
El nacimiento de Clarín
El primer número salió el 28 de agosto de 1945. Con tapas sencillas, abundante espacio para deportes y noticias internacionales, Clarín apostaba a un público no intelectual, a diferencia de La Nación o La Prensa. El apoyo económico de empresarios nacionales, anunciantes y viejos vínculos con sectores de derecha le permitieron sostener la aventura. Pronto alcanzó tiradas masivas.
Aunque en las elecciones de 1946 se alineó con la Unión Democrática contra Perón, tras el triunfo peronista giró rápidamente: comenzó a destacar las medidas de gobierno y a invisibilizar a la oposición. Nunca se declaró oficialista, pero tejió una alianza estratégica con el peronismo. El Estado le garantizó toneladas de papel —clave frente a sus competidores opositores— y la exclusividad de los clasificados tras el cierre de La Prensa. En consecuencia, Clarín defendió la Reforma Constitucional de 1949 y la nacionalización de los ferrocarriles.
El fin del romance
A partir de los años 50 la relación se tensó. La escasez de papel, las disputas por la pauta y el creciente control estatal sobre la prensa erosionaron el vínculo. La ruptura llegó en septiembre de 1955, cuando, tras el golpe, Clarín pasó de un firme apoyo a Perón a un alineamiento total con la dictadura de Lonardi y luego de Aramburu, a quienes presentó como garantes de la paz social y la amistad con los trabajadores, ocultando la represión sobre el movimiento obrero.
El camino hacia el poder real
En los años siguientes, Clarín se acercó al desarrollismo de Frondizi y encontró en la década del sesenta su gran despegue: se transformó en el diario de mayor circulación en castellano. Tras la muerte de Noble, Héctor Magnetto asumiría el control y lo conduciría hacia la concentración multimediática que hoy conocemos.
Clarín nació como un proyecto político antes que periodístico. Y, 75 años después, su historia puede leerse como la historia de una fórmula: la de un medio que supo adaptarse a todos los gobiernos para sobrevivir, crecer y convertirse en sinónimo de poder en la Argentina.






