En las recientes elecciones provinciales, la apatía detonó con un notorio poco entusiasmo electoral. Es una tendencia que suele darse en los comicios de renovación parcial de las legislaturas.

Votó casi el 50% del padrón en Salta, una cifra muy baja si se la compara con Jujuy, donde participó el 63% del electorado.
En cuanto a los resultados, son tan mínimos que para las élites políticas tradicionales cada día se vuelven más irrelevantes. El PJ, PRS, UCR, PO, entre otros, en varios departamentos luchan simplemente por no quedar últimos. Tan difuso es el escenario que cuesta identificar claramente a ganadores y perdedores.

Es raro, porque generalmente en una elección alguien gana y alguien pierde. Pero en este caso se da una particularidad: ni los “ganadores” tienen mucho para festejar.

La Libertad Avanza, por ejemplo, tuvo malos resultados en las elecciones provinciales realizadas hasta ahora. Solo logró imponerse en la Capital salteña, lo que representa más un premio consuelo que un verdadero triunfo, si se compara con los reveses sufridos en Jujuy, San Luis y Chaco. En esta última, retrocedieron entre 15 y 20 puntos respecto a la elección anterior.

Desde LLA intentaron mostrar como logros sus resultados en Salta Capital, pero al analizar los números provinciales en su conjunto, es evidente que salieron perdiendo en comparación con los comicios de 2023.

Algunos dirán: «Bueno, no estaba Milei en la boleta». Pero tampoco estará en las elecciones de octubre de este año. Y allí, lo que no aparece es un voto «mesiánico» que canalice la bronca social.

Salta tiene una particularidad: la estrategia política y electoral no fue diseñada por el interventor del PJ, lo que la hace aún más interesante como fenómeno.

Otro dato a tener en cuenta es que en Salta, el voto de derecha representa entre el 15% y el 20% del electorado. Dentro de ese porcentaje, un 16% pertenece a la juventud, que —a pesar del fracaso de la política nacional— aún confía en Milei.

Un fenómeno llamativo es el voto obtenido por la señora Flavia Royón, funcionaria tanto de Alberto Fernández como ahora de Javier Milei, que parece reflejar un voto corporativo, en este caso, vinculado a las inversiones mineras.

Otro fenómeno es la derrota del médico Dr. Biella, quien, disfrazado con su delantal y estetoscopio colgado al cuello como un crucifijo, no logró comunicar eficazmente sus propuestas. Se le escapó la tortuga, y su espacio se quedó sin representación parlamentaria.

Mientras tanto, la corporación mediática vuelve a tener representantes periodistas en los escaños legislativos.

Por lo menos, así lo veo yo.

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