El 1° de septiembre de 2022 intentaron asesinar a Cristina Kirchner. Una pistola fue gatillada a centímetros de su cabeza, pero el disparo no salió. Cristina sobrevivió. Sin embargo, una pregunta continúa abierta: ¿quiénes estuvieron detrás del clima de violencia y odio que rodeó aquel episodio?

Revolución Federal protagonizó manifestaciones en las que se exhibieron guillotinas, horcas y antorchas, mientras algunos de sus integrantes utilizaron expresiones violentas contra dirigentes kirchneristas. En ese contexto, la Justicia investigó movimientos de dinero recibidos por Jonathan Morel, uno de los referentes de la organización, provenientes de Caputo Hermanos y vinculados a supuestos trabajos de carpintería.

Los pagos fueron objeto de investigación judicial y se dispusieron medidas destinadas a determinar si las operaciones comerciales que los justificaban tenían sustento real.

La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿existió algún tipo de financiamiento político detrás de esos movimientos?

Hasta el momento, no está probado que Caputo Hermanos haya financiado el atentado contra Cristina Kirchner. Esa distinción es fundamental. Pero la inexistencia de una prueba que establezca esa responsabilidad no debería impedir que se investiguen exhaustivamente los vínculos económicos que despertaron sospechas.

Porque cuando una organización cuyos integrantes expresaron discursos violentos recibe importantes sumas de dinero, esos movimientos coinciden temporalmente con parte de su actividad y, posteriormente, alguien intenta asesinar a la principal dirigente del peronismo, corresponde que la Justicia determine si existe o no alguna relación entre esos hechos.

Cristina Kirchner sobrevivió porque aquella bala no salió.

Todavía queda una pregunta que merece una respuesta definitiva: quién puso el dinero detrás de los grupos que alimentaron el odio y qué relación, si alguna existió, tuvo ese financiamiento con la escalada de violencia política.

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