Editorial
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CASA TOMADA, PATRIA TOMADA

septiembre 12, 2026
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CASA TOMADA, PATRIA TOMADA

Por Félix González Bonorino

Julio Cortázar escribió un cuento muy famoso llamado Casa Tomada.
En el mismo, el personaje y su hermana, Irene, viven en una antigua casa que les dejaron sus padres. Grande, aunque venida abajo, la casa tiene varias piezas.
Recibieron una herencia que les permite vivir con holgura y casi no salen de la vivienda, un poco porque le tienen temor al exterior y otro poco porque se sienten muy a gusto.
En un momento del cuento, comienzan a sentir ruidos en una habitación y deciden cerrarla y olvidarse de ella, total tenían muchas habitaciones donde vivir.
Al poco tiempo sucede lo mismo con otra habitación y vuelven a cerrarla y así el cuento avanza hasta que terminan en la vereda, cerrando la puerta de entrada.
Si no lo leyeron, léanlo. Nunca es tarde para leer a Cortázar.
Bueno, Irene y el narrador tenían dominio sobre su casa. Era de ellos, se movían por ella con total control y seguridad, hasta que un acontecimiento aparentemente secundario les quita el control sobre la primer pieza. Luego de eso comienzan a perder el dominio, más por miedo que por otra cosa. No se animaron y al final tuvieron que mudarse, emigrar.

Con la Argentina sucede lo mismo.
Comenzamos, si se quiere, aunque podemos ir más atrás, por la historia oficial, aquella escrita por Mitre y que marcó la cultura de más de un siglo. No fue hasta mediados del siglo pasado que los revisionistas pusieron en cuestión esa historia por juzgarla sesgada y en base a documentación fehaciente, lograron impulsar una nueva imagen de nuestras luchas. Una imagen no elitista.
A Güemes no lo reconocieron hasta muy recientemente y fue estratégico. El espíritu leal con que contaba San Martín para que le protegiera las espadas.
Tomemos las fechas patrias, se recuerda el 20 de noviembre de 1845 como al día de la Soberanía por la batalla de la Vuelta de Obligado, sin embargo, es una derrota.
Un día descubrí La batalla de Punta Quebracho, que solo 7 meses después fue un tremendo triunfo y, sin embargo, no es recordada. Se venció a la misma flota franco-británica que nos había vencido en Obligado. Capitularon ¿Por qué no se recuerda?
Es como si los ingleses celebraran el 2 de abril por la derrota en Las Malvinas. Medio raro ¿no?

Antes que eso se expulsaron a los ingleses en 1806 y 1807, pero no se lo recuerda, y les aseguro que fueron tremendas victorias.
Quiero ir al nudo de la cosa.

Culturalmente, cada uno de estos hitos han marcado un carácter del ser argentino. Carácter que se rebela permanentemente como un espíritu social capaz de rechazar a 9 invasiones “godas” en Salta y Jujuy, o crear la primera empresa petrolera estatal del mundo, el desarrollo nuclear y espacial más avanzado fuera de la OCDE. Tener 5 Premios Nobel y varios que le pegaron en los postes. Una universidad pública y gratuita que es orgullo que se levantó y resiste contra los intentos de destrucción del elitismo internacional.

Hoy le dicen “resiliencia”, esa capacidad de retornar al poder o la capacidad que se tuvo.

Pero como en la casa tomada, el temor hace que poco a poco, espíritus débiles, entreguen pieza por pieza su soberanía.
Primero fueron los minerales, luego las tierras de cultivo, el mar que nos rodea, los ríos que nos riegan, los espectros eléctricos para la comunicación, el espacio exterior de los satélites, la Antártida, hasta el viento de la Patagonia para usarse como fuente de energía. En Salta se trata del litio, las tierras raras y el cobre, la energía que no se explota, los alimentos que se van a otras latitudes.
El último paso, a través de las deudas y salarios miserables, se apropian de cada una de nuestras vidas.
El control y la concentración económica actual ha hecho que pasemos de padres o abuelos que pudieron tener un pasar aceptable, comprarse una casa, tal vez otra para sus hijos, a alquilar mientras se pueda. Hasta que, ya sin trabajo, nos echen.
Y todo por estar atemorizados, recluidos, solitarios.

Tenemos dos posibilidades:
Seguimos con miedo y, como Irene y su hermano terminamos en la calle o levantamos la cabeza, nos damos cuenta que tenemos la posibilidad de juntarnos para defendernos, con todos los recursos que tengamos a mano. Todos.
Como Liniers ante los ingleses, Güemes frente a los “godos”, San Martín frente a los Andes, Mansilla contra a los más poderosos ejércitos de la época o, más reciente, los soldados en Malvinas, nos toca enfrentarnos a los poderes concentrados con el antecedente real de haber vencido muchas veces.
En la Argentina tenemos la cultura del triunfo, no dejemos que nos la saquen un grupo de empleados de las corporaciones extranjeras.
Estos son ruidos en la habitación del fondo y a esos ruidos se los elimina como en una casa, entrando y haciéndose cargo.
La habitación del fondo se recupera entre todos. Si querés ser parte de eso, cada semana seguimos la conversación en Salta desde adentro: substack.com/@felixgbonorino

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