El eje central del posicionamiento de Cristina Kirchner descansa sobre una premisa económica categórica: el modelo vigente carece, según su análisis, de sostenibilidad a mediano plazo.

Al trazar paralelismos históricos con la política económica de José Alfredo Martínez de Hoz durante la última dictadura cívico-militar y con la convertibilidad impulsada por Domingo Cavallo en la década de 1990, el planteo busca instalar la idea de que la apertura económica, el endeudamiento y la pérdida del poder adquisitivo no constituyen simples desvíos coyunturales, sino problemas estructurales del modelo.

Las referencias a situaciones de la vida cotidiana —como el uso de tarjetas de crédito para financiar la compra de alimentos o las diferencias de precios que incentivan el consumo en el exterior— son utilizadas para reflejar lo que la expresidenta considera un proceso de deterioro económico y social.

En ese esquema, la figura del ministro de Economía, Luis Caputo, ocupa un lugar central. Cristina Kirchner lo señala como responsable de mecanismos financieros que, desde su perspectiva, buscan postergar las consecuencias de un modelo que considera insostenible.

Para la expresidenta, la ecuación es sencilla: un sistema en el que amplios sectores pierden poder adquisitivo mientras determinados grupos concentran mayores beneficios difícilmente pueda sostenerse indefinidamente.

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