No es descabellado pensar que la desigualdad social produzca mayores dosis de estrés y acelere el envejecimiento cerebral. Sin embargo, una cosa es una hipótesis y otra muy distinta es lo que puede comprobar la ciencia a través de su método.
Se publicó una nueva investigación en Nature Medicine, realizada por un equipo internacional, que muestra cómo la vejez saludable no solo depende del estado físico, las conductas y los hábitos alimentarios de los individuos, sino que también existen factores, como la inestabilidad del contexto sociopolítico, que pueden ser decisivos.
En concreto, desde una perspectiva integral, los déficits de la gobernanza y la fragilidad democrática podrían considerarse al momento de planificar las estrategias de salud pública.
Para la investigación, emplearon las bondades de la inteligencia artificial y su capacidad para analizar muchos datos en poco tiempo, con el fin de examinar de forma minuciosa el contexto sociopolítico de 160 mil personas que habitan en 40 naciones. Como resultado, observaron que, dependiendo del sitio en el que residían, las buenas o malas condiciones podían acelerar el envejecimiento cerebral; esto es, incrementar el riesgo de deterioro cognitivo.
Esto lo pudieron comprobar a partir de la creación de la “brecha de edad bioconductual”, un marcador biológico que compara la edad prevista (a partir de su salud, cognición, educación y funcionalidad) con la edad cronológica real.
Moraleja: no te metas en la política.






