La movilización del Hospital Garrahan volvió a poner en escena una oposición social en crecimiento. La motosierra y la licuadora de Milei golpean principalmente a las mayorías populares. Pero algo nuevo comenzó a insinuarse: un malestar incipiente en sectores del poder económico.

JP Morgan recomendó desarmar posiciones en pesos y alejarse del carry trade argentino. No fue una ruptura, pero sí un gesto de desconfianza que agitó el dólar, disparó el riesgo país y golpeó los activos locales.

A su vez, varias multinacionales se retiran del país: Carrefour, Procter & Gamble, Paramount, Telefónica, ExxonMobil, entre otras. Aunque alegan “decisiones globales”, la pregunta sigue: ¿por qué Argentina?

El CEO de Toyota Argentina, Gustavo Salinas, denunció el estado de las rutas: “No puede ser que no tengamos caminos para sacar la producción”. Nicolás Pino, de la Sociedad Rural, se quejó de lo mismo: rutas destrozadas. En paralelo, el Gobierno disuelve Vialidad Nacional.

Carlos Castagnani (CRA) denunció rentabilidad neutra o negativa por retenciones. La Federación Agraria fue más lejos: “El campo viene a pérdida”.

Este modelo —que prioriza el pago de la deuda y el ajuste fiscal— deja sin herramientas al Estado, pero también afecta a quienes necesitan de ese Estado para exportar, transportar o sostener la producción.

La paradoja es evidente: Milei desmantela el Estado que el capital necesita. El viejo “te amo, te odio, dame más”.

La reciente derrota del oficialismo en el Senado tuvo como telón de fondo este conflicto. Gobernadores como Pullaro y Llaryora no sólo representan provincias, sino sectores clave de la agroindustria. El enojo presidencial con ellos esconde una fractura en la alianza que sustentó al Gobierno.

Mientras tanto, en La Rural podrían aparecer estos reclamos, o quedar disimulados bajo un acuerdo diplomático. Pero el cortocircuito ya ocurrió.

Todo esto puede parecer ajeno a los trabajadores. No lo es. Un quiebre dentro del bloque dominante puede abrir oportunidades para que la oposición social emergente postule otra salida.

No para confiar en la burguesía, sino para aprovechar sus disputas, impugnar el ajuste y defender los intereses de las mayorías.

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