Según la versión de Morales Solá, la vicepresidenta habría expresado su voluntad de asumir el poder en reuniones privadas. Esto habría desencadenado la ruptura entre ambos y motivado la acusación de “traición” lanzada por el Presidente.

La hipótesis surge en un momento de debilidad política del oficialismo, tras la dura derrota en el Senado, donde se aprobaron leyes clave como la recomposición jubilatoria y la emergencia en discapacidad.

La posibilidad de que los servicios de inteligencia se usen para espiar a figuras del propio Gobierno recuerda prácticas oscuras del pasado. El nombramiento de Sergio Neiffert al frente de la ex SIDE –sin experiencia previa– refuerza esa sospecha. La sombra de la AMIA y la manipulación de pruebas por parte de los servicios vuelve así a instalarse en la agenda pública.

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