La candidata a senadora nacional por el oficialismo salteño, Flavia Royón, intentó despegarse de La Libertad Avanza alegando que no tiene filiación política. Sin embargo, en ese esfuerzo por aclarar, terminó confirmando lo evidente: su capacidad de acomodarse en cualquier ventanilla del poder.

El caso de Royón es único en Salta. Mientras otros dirigentes que probaron suerte en distintos espacios quedaron fuera de la política, ella siempre logra reinventarse. Su verdadero compromiso, sin embargo, parece estar más ligado a intereses empresariales, en especial los del lobby minero, que a convicciones ideológicas.

Su currículum lo dice todo: fue secretaria de Energía durante el gobierno de Alberto Fernández y luego secretaria de Minería bajo la gestión de Javier Milei. Dos proyectos antagónicos que, sin embargo, encontraron en Royón a una funcionaria dispuesta a servirles. Pasar sin rubor de un gobierno que prometía un “Estado presente” a otro que predica el “sálvese quien pueda” es más que versatilidad: es oportunismo.

Hoy intenta presentarse como “opositora” al gobierno libertario, pero el archivo reciente la desmiente: frente a cualquier opción, siempre prefirió a Milei sobre los demás dirigentes nacionales. Esa estrategia de supervivencia política le permite permanecer en escena, aunque al precio de perder lo más valioso en tiempos de crisis: la credibilidad.

Flavia Royón es, en definitiva, una viajera del poder. No importa la estación ni el rumbo del tren; lo esencial es no bajarse nunca.

Fuente: Opinorte

Entrada Relacionadas