La intervención judicial del Partido Justicialista de Salta terminó exponiendo mucho más que una discusión administrativa interna. El conflicto dejó al descubierto una puja política de fondo vinculada al control del peronismo provincial y al armado electoral de cara a 2027, año en el que la provincia volverá a elegir gobernador y vicegobernador.

La decisión de la jueza federal María Servini de designar como interventor judicial a José Luis Napoleón Gambetta alteró el cronograma de normalización partidaria que el PJ nacional tenía previsto ratificar en su Congreso partidario. La resolución judicial llegó, además, en un contexto de creciente tensión entre distintos sectores del peronismo del norte argentino.

En ese escenario reapareció con fuerza la figura del exgobernador Juan Manuel Urtubey, quien cuestionó duramente la intervención y denunció una utilización política del Poder Judicial para condicionar al principal espacio opositor al gobierno nacional de Javier Milei.

Las declaraciones de Urtubey no solo expresan el malestar interno dentro del PJ salteño. También reflejan una discusión más amplia sobre el futuro liderazgo del peronismo en las provincias del norte y el proceso de reconfiguración política que atraviesa el justicialismo tras el desgaste del esquema de conducción nacional que durante años encabezó Cristina Fernández de Kirchner.

El conflicto, además, vuelve a colocar en el centro de la escena al gobernador Gustavo Sáenz y su relación con el peronismo provincial. Mientras el mandatario sostiene públicamente que deben ser los afiliados quienes definan las autoridades partidarias mediante elecciones internas, sectores del PJ interpretan que el oficialismo provincial aparece indirectamente beneficiado por la intervención judicial.

La controversia adquirió mayor dimensión luego de que trascendiera que la presentación judicial fue impulsada por Esteban Amat Lacroix, dirigente alineado con el saencismo, cuya afiliación partidaria fue puesta en discusión por referentes desplazados de la conducción intervenida.

En paralelo, distintos sectores políticos comenzaron a observar el conflicto dentro de un escenario institucional más amplio. El oficialismo provincial avanza desde hace tiempo en la construcción de herramientas políticas y legislativas orientadas a fortalecer su esquema de poder territorial, mientras crecen las especulaciones sobre eventuales intentos de ampliar las posibilidades de continuidad política del actual gobernador.

Ese debate remite inevitablemente a antecedentes históricos de la política salteña, donde las discusiones sobre reelecciones, reformas institucionales y control legislativo ocuparon un lugar central durante distintos períodos de gobierno, entre ellos el ciclo encabezado por Juan Carlos Romero.

Dentro del peronismo nacional, varios dirigentes interpretan que lo ocurrido en Salta forma parte de una estrategia más amplia de reorganización del PJ federal, impulsada por gobernadores y sectores alejados del kirchnerismo, con el objetivo de construir nuevos liderazgos regionales y disputar influencia dentro de la futura estructura opositora.

Por eso, la discusión ya excede largamente la interna partidaria provincial. Lo que está en juego es el control político de una de las estructuras más importantes del norte argentino y el posicionamiento de los distintos actores que buscarán protagonismo en el escenario electoral de 2027.

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