Cuando la dirigencia sindical se refugia en excusas, el silencio se convierte en complicidad.
A raíz de la respuesta del dirigente bancario Carlos Rodas, secretario general de la CGT, reafirmó una cuestión esencial: no hace falta que un decreto esté publicado en el Boletín Oficial para que la reforma laboral sea un hecho político. Las propuestas de Milei son públicas, debatidas y anunciadas en ámbitos sindicales, políticos y empresariales desde hace meses. Negarlas hoy es ingenuo o funcional a quienes buscan desarmar los derechos laborales conquistados.
No soy vocero de ningún gobernador ni me mueve interés partidario. Mi trayectoria gremial comenzó en 1971, cuando fui adjunto de la CGT y secretario general de las 62 Organizaciones de Salta. Desde entonces, el eje es el mismo: defender a los trabajadores y la democracia, no a los gobiernos de turno.
Carlos Rodas invoca al peronismo y al movimiento obrero como los espacios capaces de resistir este proyecto. Pero confunde: el Partido Justicialista es una herramienta electoral, mientras que el Movimiento Peronista es mucho más amplio. Lo integran organizaciones sociales, sectores de mujeres, trabajadores no sindicalizados y actores comunitarios invisibilizados. Negar esa diversidad empobrece cualquier estrategia de resistencia.
No ataco a la CGT como institución. Señalo su inmovilidad frente a los despidos masivos, la precarización, la caída salarial, el ajuste estatal y la criminalización de la protesta. Paros tardíos, declaraciones aisladas y mesas de negociación opacas no alcanzan. No queremos una CGT que se limite a administrar la derrota; queremos una conducción que deje de convertirse en parte del problema y vuelva a defender a los trabajadores.
Me exigen “proyectos superadores”. No se necesita una candidatura para advertir lo evidente. Ejercí mis responsabilidades en tiempos donde defender a los trabajadores era poner el cuerpo frente a la represión. Hablar hoy no es valentía; es memoria.
Los debates no se ganan con chicanas personales, sino con ideas y coraje para enfrentar modelos de país. Continuaré opinando y debatiendo en cualquier espacio democrático.
Mi respeto a Carlos Rodas como persona y dirigente; mis críticas apuntan a una conducción que elige la pasividad en tiempos de atropello.
En épocas de ajuste, miedo y obediencia, callarse es un lujo que no pienso permitirme.
28 de noviembre de 2025





