La escena política salteña tuvo por estos días un inesperado aire de Pimpinela. Con el tren sanitario como telón de fondo, Gustavo Sáenz y la ministra Sandra Pettovello protagonizaron un intercambio de elogios que, por momentos, pareció más un dúo romántico que una actividad oficial.
“Siempre está a disposición, siempre está presente cuando así lo necesitamos. Yo soy un agradecido de la ministra”, declaró Sáenz. Pettovello no se quedó atrás: “Excelente la relación que tengo con la provincia y, por supuesto, con el gobernador”. Si faltaba la música, solo era cuestión de esperar el estribillo.
Más allá de los elogios, la llegada del tren sanitario puso sobre la mesa una realidad mucho menos romántica: las dificultades para acceder a la salud en localidades como Campo Quijano, donde muchos vecinos no pueden afrontar el plus profesional, cercano a los $30.000, además de la orden del IPS, mientras que una parte de la población directamente carece de cobertura médica.
La formación, compuesta por 11 vagones y con más de 15 prestaciones disponibles, permanecerá hasta el viernes en Campo Quijano y luego continuará su recorrido por Cerrillos, General Güemes, Pichanal y Joaquín V. González.
La postal remite al histórico Tren Sanitario de Eva Perón, que en 1951 llegó al norte argentino con 14 vagones, 46 profesionales, consultorios, laboratorio, equipos de rayos X, farmacia y servicios de vacunación.
Pasaron 75 años y la tecnología avanzó. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuánto falta para que la salud deje de llegar en tren y pueda encontrarse, simplemente, en el lugar donde vive la gente?






