Un neurólogo salteño cuestionó la iniciativa del diputado provincial Patricio Peñalba que propone elevar a 0,5 g/l el límite de alcohol en sangre permitido para conducir. Advirtió sobre los riesgos neurobiológicos y pidió a los legisladores sostener el espíritu preventivo de la norma.
En medio del debate legislativo por la posible modificación de la Ley Provincial N.º 7.846 de “Tolerancia Cero”, el médico neurólogo Sergio J. Chuchuy hizo pública su postura en una carta abierta dirigida a los legisladores de la provincia de Salta. El planteo surge a raíz del proyecto presentado por el diputado provincial Patricio Peñalba, que propone elevar el límite permitido de alcohol en sangre para conducir hasta 0,5 gramos por litro.
En su escrito, fechado el 12 de febrero de 2016, el profesional expresó su “profunda preocupación” ante la iniciativa, remarcando que la normativa vigente constituye una política pública con una clara finalidad sanitaria y preventiva, orientada a proteger la vida humana.
Desde el punto de vista clínico y neurobiológico, Chuchuy enumeró fundamentos científicos que, a su criterio, justifican mantener el esquema de tolerancia cero. En primer lugar, explicó que el alcohol, aun en pequeñas cantidades, potencia la somnolencia y reduce la velocidad de reacción ante estímulos inesperados, situación que se agrava en adultos mayores y en conductores que manejan durante largos períodos.
Asimismo, advirtió que el consumo de alcohol afecta la corteza prefrontal —área del cerebro encargada del juicio crítico y el control de impulsos— cuya maduración culmina después de los 25 años. Esto, señaló, incrementa la vulnerabilidad de los conductores jóvenes frente a conductas riesgosas e imprudentes al volante.
Otro de los puntos destacados fue la interacción del alcohol con psicofármacos y otras medicaciones de uso frecuente. En ese contexto, el profesional subrayó que el alcohol puede potenciar efectos adversos como la sedación, la descoordinación motora y el deterioro cognitivo, elevando significativamente los riesgos en la seguridad vial.
En relación con los cuestionamientos sobre la efectividad de la ley, el neurólogo sostuvo que, si los resultados no han sido los esperados en la reducción de siniestros, ello podría responder a deficiencias en la implementación, controles irregulares o falta de dispositivos adecuados de dosaje y prevención sostenida, más que a un fracaso del espíritu de la norma.
Finalmente, instó a los legisladores a evaluar el proyecto desde una perspectiva sanitaria integral y a considerar que las políticas públicas destinadas a modificar hábitos sociales requieren períodos prolongados para consolidarse. Citando al astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, recordó que “los cambios en el comportamiento humano se consuman al cabo de extensos períodos de tiempo”.
La discusión sobre la modificación de la Ley de Tolerancia Cero continúa abierta en el ámbito legislativo, en un debate que enfrenta argumentos vinculados a la responsabilidad individual con criterios de salud pública y prevención.





