La media sanción de la reforma laboral en el Senado, con 42 votos a favor y 30 en contra, fue contundente: el Gobierno avanzó sobre derechos históricos, mientras la CGT quedó reducida a una defensa corporativa mínima y los gobernadores volvieron a demostrar que hoy son el verdadero factor de poder territorial.

La ministra Patricia Bullrich incluyó concesiones puntuales a la CGT, que mantuvo la retención obligatoria de la cuota sindical y el 6% destinado a las obras sociales. Se trata de herramientas centrales para la estructura financiera gremial, pero que no modifican el núcleo de la reforma.

El oficialismo, en cambio, conservó los ejes más sensibles del proyecto: la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), la eliminación de la ultraactividad de los convenios colectivos, la habilitación de negociaciones por empresa y la ampliación de actividades consideradas esenciales, con impacto directo sobre el derecho de huelga.

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