Por Maria Eugenia Yaique

Inimaginable momento histórico estamos viviendo los argentinos. El presidente, llamado «el loco» según un libro editado sobre su vida, nos presentó la motosierra como metodología de eliminación violenta de todo lo que le molesta, que es mucho más de lo que podríamos imaginar. Es el mismo que siente «voces» que lo perturban, toses que lo interrumpen y que habla con sus perros muertos. También mantiene con su hermana un vínculo «raro, inédito, especial y de absoluta dependencia», algo nunca visto antes, al menos en un primer magistrado.

Ahora, hizo estallar el negocio de las criptomonedas, dejando en la miseria a miles de atónitos ciudadanos vinculados a esa nueva forma de «negocio virtual». Y lo peor: NO SE SIENTE CULPABLE.

Sumado a este panorama desolador, sin inmutarse, en una entrevista con un periodista «amigo del poder», rompió todo protocolo, pateó el tablero y demostró, una vez más, que no tiene reglas, ética, moral ni conciencia. Ha devenido presidente solo para jugar a ser el topo que destruye el Estado desde adentro. Lo logró.

Espero que, como dice la Constitución Nacional, por la cual juró, se lo demandemos… eso sí, antes de que nos haga estallar en pedazos.

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