No es una fecha de los sindicatos ni de una central en particular, sino una conmemoración universal nacida de las luchas obreras por la jornada laboral de ocho horas.

El 1° de mayo no pertenece a los sindicatos ni a la CGT. Se trata de una fecha universal del movimiento obrero que no responde a un partido ni a un país, sino a la historia internacional de los trabajadores. Su origen se remonta a las luchas obreras en Estados Unidos, donde se reclamaba la jornada laboral de ocho horas.

Desde esta perspectiva, es un día de memoria, reivindicación y lucha de la clase trabajadora en todo el mundo, más allá de ideologías o gobiernos.

En Argentina, el peronismo le otorgó una identidad política propia. Si bien la fecha es de carácter internacional, fue Juan Domingo Perón quien impulsó un proceso en el que los trabajadores pasaron a ocupar un lugar central en la vida política, con la ampliación de derechos laborales, el fortalecimiento de los sindicatos y la consolidación de una identidad colectiva organizada.

En este sentido, el 1° de mayo también se convierte en una jornada de reconocimiento al protagonismo político de los trabajadores, estrechamente vinculado a la tradición peronista.

Por ello, no es solo una celebración ni tampoco propiedad de un partido político. Es una fecha histórica global que, en cada país —como en Argentina— fue adquiriendo una identidad propia, con referentes como José Ignacio Rucci, Raimundo Ongaro, Saúl Ubaldini, Julio Guillán y Oscar Smith, y en Salta con figuras como Olivio Ríos, Normando Arciénaga y Mario Amelunge, entre otros.

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