El ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, se sumó a los discursos violentos de Javier Milei contra el periodismo. Detrás de sus declaraciones hay una causa judicial que investiga el financiamiento a Revolución Federal y revela vínculos económicos entre su familia y los instigadores del atentado a Cristina Kirchner.

El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, desató una nueva ofensiva contra el periodismo al asegurar que, “por mérito propio”, la profesión “tiende a desaparecer”. Lejos de ser un comentario aislado, sus palabras se inscriben en la línea de ataques sistemáticos promovidos por el presidente Javier Milei, quien días atrás afirmó que “no se odia lo suficiente” a la prensa.

Sin embargo, detrás de esta escalada verbal habría algo más que ideología. Según explicó la periodista judicial Irina Hauser en radio AM 750, Caputo intenta desviar la atención de una causa judicial sensible: la investigación por el financiamiento de Revolución Federal, grupo extremista vinculado al intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner.

“Ni a Caputo ni a Milei les gustan los datos, por eso están empeñados en desacreditar a los periodistas”, sintetizó Hauser. Y detalló que días atrás se conoció un peritaje contable clave en esa causa, donde se detectó una transferencia millonaria desde empresas vinculadas a la familia Caputo a Jonathan Morel, líder de Revolución Federal.

Morel, quien dirigía una carpintería sin cartel ni empleados en Boulogne, recibió más de 15 millones de pesos para supuestamente equipar 60 departamentos en Añelo, cerca de Vaca Muerta. “El peritaje indica que no había forma de justificar ese pago. Morel no tenía capacidad operativa para cumplir un encargo de esa magnitud”, señaló Hauser.

Revolución Federal protagonizó, en los meses previos al atentado, acciones públicas violentas: escraches, insultos, amenazas con horcas y guillotinas a dirigentes del oficialismo. En redes sociales, sus miembros promovían abiertamente la violencia política, incluyendo la necesidad de “matar a Cristina”.

“El financiamiento de estas acciones no surgió de la nada. Y lo que revela la causa es que hubo un flujo de dinero proveniente del entorno de Caputo, con justificaciones inverosímiles y pagos inflados”, subrayó Hauser. Para la periodista, el enojo del ministro tiene una raíz clara: “Le molesta que se sepa que su familia puso plata para algo que, aunque no sepamos exactamente qué fue, terminó fomentando la violencia”.

La nueva ofensiva oficialista contra el periodismo parece ser, entonces, más que una reacción ideológica: una maniobra para tapar vínculos incómodos con sectores que sembraron odio y planificaron un intento de magnicidio.

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