Un informe del sector revela el fuerte impacto de la recesión y la caída del consumo. La rentabilidad en mínimos empuja a miles de pequeños comerciantes a bajar la persiana.

La crisis económica sigue golpeando al entramado comercial más cercano a la vida cotidiana. Un relevamiento de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina encendió una señal de alarma: en el país cierran, en promedio, 50 kioscos por día, en un contexto de caída sostenida del consumo y márgenes cada vez más ajustados.
El informe describe un escenario crítico para los pequeños comerciantes, donde la pérdida de poder adquisitivo impacta de lleno en las ventas. Los kioscos, históricamente considerados un termómetro del bolsillo popular, son de los primeros en resentirse ante la contracción del gasto en productos considerados no esenciales.
Desde la entidad advierten que el modelo tradicional atraviesa una transformación forzada. La combinación de menores ingresos y costos en alza —como alquileres, servicios y reposición de mercadería— redujo la rentabilidad a niveles que muchos negocios no logran sostener.
“El comerciante histórico va desintegrándose”, señalaron desde el sector, al describir el deterioro de una actividad que durante años permitió a miles de familias sostener un ingreso estable. Hoy, en cambio, muchos propietarios se ven obligados a cerrar o a buscar alternativas para complementar sus ingresos.
El fenómeno refleja el impacto directo de la recesión sobre el consumo masivo. Rubros como golosinas, bebidas o cigarrillos, que solían ser el núcleo de facturación de los kioscos, registran caídas significativas, afectando la dinámica de un sector clave en la economía barrial.
Con un ritmo de cierres que se acelera, el panorama plantea interrogantes sobre la supervivencia de estos comercios en el corto plazo y expone, una vez más, las dificultades que atraviesa la economía real en todo el país.





