El hijo del músico evocó la profunda pena que vivió su padre tras la partida del poeta y reveló una anécdota inédita que, años después, volvió a unirlos en una zamba. También compartió recuerdos íntimos sobre la pasión culinaria del creador de “La Pomeña”.

“Todavía recuerdo la foto que salió en El Tribuno, donde se ve al Cuchi sentado junto al ataúd de Manuel. Una imagen que refleja una tristeza inmensa, porque había perdido a su compañero. Más que un amigo, era su cómplice a la hora de mirar, leer, escribir y crear obras de arte juntos”, rememoró Delfín Leguizamón sobre el dolor que marcó a su padre tras la muerte de Manuel J. Castilla.

Ese vínculo artístico y humano, sin embargo, tuvo un capítulo inesperado. “Diez años después de la muerte del Barba, golpeó la puerta de mi casa la esposa de Manuel. Estábamos en familia. Me mostró una hoja que había encontrado detrás del forro de un ropero: era un poema de Castilla, entero, listo para convertirse en zamba. Ella me dijo: ‘¿Quién más que vos puede componer una zamba junto a Manuel?’. Así nació Borrachito de noche, una obra que me permitió volver a crear con él, una década después de su partida”, relató emocionado.

Más allá de la música, el Cuchi cultivaba otra pasión: la cocina. “Era un gran cocinero. Le gustaba preparar comidas criollas, como la ropa vieja con restos del asado. Usaba mucha cebollita, pimientos, laurel, ajo, papa, batata y zapallo, siempre con mucho picante. También hacía carbonada y un fangocho delicioso, con maíz blanco pisado y charqui. Su locro era único”, aseguró Delfín.

Al ser consultado sobre qué le pediría que cocine si pudiera reencontrarse con él, fue categórico: “No le pediría nada. Lo sentaría frente al piano y le diría: ‘Tata, tocá la zamba de Balderrama’. Yo lo acompaño con la guitarra, mi novia canta, mi hijo toca el saxo y mi hija pinta un cuadro sobre seda. No lo pondría a cocinar: haríamos música juntos”.

Gustavo “Cuchi” Leguizamón falleció el 27 de septiembre de 2000, apenas dos días antes de cumplir 83 años. Su legado sigue vivo en cada melodía, en cada recuerdo y en cada relato que lo trae de vuelta a la memoria colectiva.

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