La caída en la imagen del presidente Javier Milei vuelve a poner en evidencia una fractura cada vez más marcada: los logros que el Gobierno exhibe en materia macroeconómica chocan con una microeconomía que continúa golpeando el bolsillo de millones de argentinos. Para numerosos analistas, la estabilidad del dólar y la desaceleración de la inflación podrían no ser suficientes para sostener el respaldo electoral si persiste el deterioro del poder adquisitivo.

El contraste resulta evidente. Mientras el oficialismo celebra la reducción de la inflación, el equilibrio fiscal y el aumento de las tarifas como parte de su programa económico, el empleo formal continúa mostrando señales de deterioro. Según el economista Guillermo Michel, la denominada «peruanización» de la economía provocó la pérdida de más de 300.000 puestos de trabajo registrados, empujando a unos 160.000 asalariados y 420.000 trabajadores independientes hacia la informalidad.

A este escenario se suma otro dato preocupante: el intento del ministro de Economía, Luis Caputo, de reactivar el consumo mediante créditos más accesibles perdió impulso. La necesidad de mantener tasas de interés elevadas para sostener la estabilidad cambiaria encareció el financiamiento y disparó la morosidad. Actualmente, alcanza el 12,7% en el sistema bancario y casi el 33% en las entidades financieras no bancarias, con picos cercanos al 40% en algunos distritos, como Florencio Varela. En este contexto, alrededor de siete millones de argentinos figuran en la base de deudores del Veraz.

El impacto económico también comienza a reflejarse en el plano político. Diversas consultoras ubican la imagen positiva del Presidente entre el 36% y el 38%. Para Lucas Romero, director de Synopsis, ese nivel de apoyo dificultaría alcanzar la mayoría necesaria en un eventual balotaje. Por su parte, Cristian Buttié, de CB Consultora Opinión Pública, sostiene que el mayor desgaste se registra en el tercer cordón del conurbano bonaerense, donde la imagen presidencial muestra sus peores indicadores.

A este cuadro se suma el costo político derivado de las controversias que involucran al oficialismo. Encuestas privadas reflejan un fuerte rechazo hacia el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, situación que, según distintos analistas, comienza a erosionar el discurso de renovación y lucha contra «la casta» que impulsó el Gobierno desde el inicio de su gestión.

La principal incógnita es si la mejora de las variables macroeconómicas logrará traducirse en una recuperación de la economía cotidiana. Porque, en definitiva, son el empleo, el salario y el consumo los indicadores que terminan definiendo el humor social. Y cuando el bolsillo no acompaña, los éxitos de la macroeconomía suelen perder fuerza frente a la realidad diaria de millones de familias.

Fuente: La Política Online (LPO).

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