Cada vez se escucha con más frecuencia que el gobierno de Javier Milei comienza a parecerse demasiado al PRO de Mauricio Macri. La comparación, sin embargo, resulta insuficiente: es mucho más que eso.
En el fondo, se trata del mismo programa económico y político: ajuste feroz, endeudamiento, disciplinamiento social, beneficios para los grandes grupos económicos y el enriquecimiento de los sectores más cercanos al poder.

La novedad es que «los amarillos» regresaron a la Casa Rosada sin haber ganado una elección. Milei llegó impulsado por un fuerte respaldo mediático y por las redes sociales, pero sin una estructura política propia para gobernar. Quien prometía terminar con «la casta» terminó rodeándose de muchos de los principales funcionarios del gobierno que administró el país entre 2015 y 2019.
La paradoja de los conversos
La presencia de Luis Caputo, Santiago Bausili al frente del Banco Central, Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger y, ahora, Diego Santilli, representa la consolidación de un proceso político: La Libertad Avanza terminó convirtiéndose en una versión aún más radicalizada del macrismo.
Milei insultó durante años a Santilli. Lo calificó de colectivista, integrante de la casta y representante del fracaso político argentino. Hoy, ese mismo dirigente ocupa uno de los cargos más importantes del Gobierno, coordinando la acción de los ministerios desde la Jefatura de Gabinete.
Las contradicciones son evidentes. El gobierno que prometía fundar una «nueva Argentina» terminó convocando a muchos de los protagonistas de la gestión anterior.
En los hechos, se consolidó un macrismo sin Macri; o, si se prefiere, un macrismo que ya no necesita de Mauricio Macri porque su programa económico fue absorbido por una derecha más agresiva en el discurso y mucho más contundente en la ejecución.
Un modelo que ya fue rechazado
Conviene recordar un dato político central: el gobierno de Mauricio Macri, integrado por Caputo, Bullrich, Sturzenegger y buena parte de quienes hoy vuelven a ocupar cargos estratégicos, fue derrotado en las urnas en 2019.
Aquella derrota respondió al fuerte deterioro económico y social que dejó su gestión: caída del salario real, aumento de la inflación, endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional y un marcado incremento de la pobreza.
Millones de argentinos comprobaron que detrás del discurso de la «modernización» se produjo una profunda transferencia de ingresos hacia los sectores de mayor poder económico.
La impotencia del pasado
La historia no siempre avanza hacia escenarios superadores. En ocasiones se repite.
Por un lado, aparece la contradicción de un presidente que construyó su identidad política enfrentando a la casta y terminó incorporándola a su gabinete.
Por otro, emerge la dificultad del peronismo para construir una alternativa luego de la experiencia del gobierno de Alberto Fernández.
Tras la derrota del macrismo surgían interrogantes fundamentales: ¿qué hacer con la deuda contraída con el FMI?, ¿qué hacer con las reformas impulsadas durante esa gestión?, ¿qué hacer con las estructuras de poder económico, judicial y financiero heredadas?
La respuesta del gobierno de Alberto Fernández fue administrar esa herencia sin modificar sus pilares estructurales. Renegoció con el Fondo Monetario Internacional, buscó contener el conflicto social y evitó avanzar sobre las bases del modelo económico anterior.
Para muchos sectores del peronismo, esa decisión terminó facilitando el escenario que permitió el ascenso de una derecha aún más radicalizada.
Las preguntas que siguen abiertas
De cara al futuro, el debate ya no puede limitarse a denunciar las consecuencias del ajuste.
La sociedad necesita conocer qué propone concretamente la oposición para el día después.
Entre otras definiciones, deberá responder:
- ¿Qué hará con el DNU 70/23?
- ¿Derogará la Ley Bases y el régimen del RIGI?
- ¿Revertirá la reforma laboral y el protocolo de seguridad impulsado por Patricia Bullrich?
- ¿Reconstruirá los organismos públicos desmantelados y reincorporará a los trabajadores despedidos?
- ¿Cómo abordará la situación de los jubilados?
- ¿Qué política exterior impulsará?
- ¿Qué decisión adoptará respecto de la deuda con el Fondo Monetario Internacional?
El reclamo apunta a superar la lógica del «primero ganemos y después veremos». Esa estrategia ya fue aplicada y sus resultados son conocidos.
El tiempo político ya comenzó
La Argentina ingresó en una nueva etapa política. El primer desafío serán las elecciones legislativas y luego llegará la disputa presidencial de 2027.
Mientras tanto, el rumbo del Gobierno aparece claramente definido: Milei conduce el proceso político; Diego Santilli coordina la gestión; Luis Caputo administra la economía; Federico Sturzenegger impulsa las reformas del Estado; Patricia Bullrich sostiene la política de seguridad, y los mercados financieros respaldan ese esquema.
Sin embargo, la historia demuestra que los procesos políticos no concluyen cuando lo decide el poder ni cuando lo determinan los mercados.
Concluyen cuando una fuerza social logra modificar la relación de fuerzas y construir una alternativa capaz de disputar el rumbo del país.
Ese, probablemente, sea el principal desafío que enfrenta hoy el peronismo y, más ampliamente, toda la oposición argentina.
Roberto Chuchuy





