El veto presidencial a la moratoria previsional, al aumento para jubilados y a la emergencia en discapacidad no es un simple acto administrativo. Es la confirmación brutal de que la Argentina ha caído en un reino donde la estupidez y la crueldad gobiernan de la mano. Un país sometido a la voluntad de las corporaciones, con un presidente que no es más que su siervo obediente.
“El dolor de haber sido y el dolor de ya no ser”, resume el tango. Ese tango que ahora bailan unos pocos, mientras millones quedan fuera del salón, en la intemperie social. La Argentina perdió el único presente que valió la pena en 2015, y lo cambió por este futuro opaco y egoísta, donde se naturaliza el sufrimiento de los más vulnerables.
La crueldad de este veto golpea directamente a los sectores que más necesitan del Estado: los jubilados, las personas con discapacidad, los niños. Se ataca la previsión social, se desprecia la salud pública, se desfinancia la investigación científica. Todo en nombre de una libertad de mercado que sólo garantiza privilegios a los poderosos.
El Boletín Oficial del 4 de agosto ratifica lo que Milei había anticipado el 11 de julio en la Bolsa de Comercio, con ese tono de fanfarrón que simula valentía ante los débiles pero se arrodilla ante los grandes empresarios. Ese día, Milei les prometió que vetaría cualquier intento de justicia social, y ahora cumple su palabra con obediencia servil.
El próximo capítulo lo protagonizarán los gobernadores. Esos mismos que le votaron todo a Milei con mansedumbre, pero que ahora pretenden despegarse con listas propias. ¿Adónde irán con su voto? ¿Qué harán cuando deban ratificar este veto con los dos tercios? ¿Seguirán eligiendo a las corporaciones o recordarán a sus pueblos?
Clarín titula hoy: “Las dos caras de Milei”. Como si existiera otra cara. Para el pueblo, Milei tiene una sola: la del ajuste, la del Boletín Oficial, la del hombre que saltó de un panel de televisión al sillón de Rivadavia para servir a los mismos de siempre.
Porque mientras la casta sigue engordando en la Bolsa, son millones los argentinos que descubren cada día que la verdadera casta son ellos.
Por Víctor Hugo Morales





