Mientras crecen las pruebas que vinculan a José Luis Espert con el narco Fred Machado, Milei decide sostenerlo. La casta libertaria se protege entre sí, aunque el repudio social aumenta. El discurso de la “moral y la libertad” se desmorona entre vuelos privados, dólares turbios y silencios cómplices.
Javier Milei eligió mantener a José Luis Espert en carrera, pese a los vínculos cada vez más evidentes con el narco Fred Machado. Los videos, los vuelos privados y los pagos sospechosos conforman un entramado que expone la hipocresía de un espacio que prometía transparencia. Los últimos focus groups muestran un dato inapelable: seis de cada diez argentinos no creen las explicaciones del diputado.
Mauricio Macri, en una reunión reservada en Olivos, le habría recomendado a Milei cortar por lo sano, pero Karina y Santiago Caputo insistieron en sostenerlo. Una vez más, el Presidente eligió acelerar en la curva: disfrazar de rebeldía lo que, en verdad, es complicidad.
En los medios, las imágenes de Espert junto a Machado hablan por sí solas. Y mientras el país observa incrédulo, el oficialismo recurre al viejo manual del cinismo: culpar al kirchnerismo, victimizarse y negar la realidad.

Así, el discurso anticasta se derrumba. Los libertarios, que juraron destruir los privilegios, hoy los blindan. La impunidad tiene nuevo rostro y retuit presidencial. El cambio prometido terminó siendo otro pacto con el poder de siempre.





