La política tiene gestos y tiene realidades. Y a veces, como en el caso de Gustavo Sáenz, los gestos son puro teatro mientras las realidades se negocian en la oscuridad. La supuesta «abstención» del gobernador salteño en la votación clave de la Cámara de Diputados no engaña a nadie. En Salta, la certeza es que sus legisladores votaron con los hermanos Milei bajo instrucción directa del Gobierno provincial.
No hay márgenes para la ingenuidad: los diputados nacionales que responden a Sáenz no improvisan cuando se juega una definición crucial. En política, la «libertad de acción» suele ser un mito que encubre alineamientos pactados. Los acuerdos entre Sáenz y La Libertad Avanza, que hasta hace poco se rumoreaban en voz baja, hoy se exponen a la luz por los votos.
La abstención de Sáenz es, en la elecciones de los nuevos legisladores nacionales, es en verdad, una abstención impostada. Busca mantenerse al margen de la bronca social y de las tensiones políticas, mientras su tropa legislativa juega para sostener al oficialismo nacional. Una forma de co-gobierno sin asumir los costos.
El intento de Sáenz de venderse como un equilibrista neutro, ajeno a las grietas, ya empieza a resquebrajarse. La sociedad percibe que detrás de la fachada de diálogo hay un gobernador que sabe acomodarse al poder de turno, y que en momentos cruciales, cuando se define el rumbo del país, opta por operar desde las sombras.
Es difícil creer que los diputados nacionales salteños actuaran por motus propio sin la venia del Grand Bourg. Menos aún, cuando esos mismos nombres fueron electos con el aval del aparato político saencista. No es verosímil pensar que en esta ocasión decidieran independizarse, justo cuando La Libertad Avanza necesita sumar aliados para no derrumbarse.
Mientras la gobernación intenta sostener el relato de la gobernabilidad provincial, los hechos demuestran que Sáenz ha elegido transitar la delgada línea de la complicidad silenciosa con los Milei. Una estrategia riesgosa: porque en tiempos de crisis social, los pactos encubiertos terminan saliendo a la luz y el costo político siempre llega.
La abstención trucha de Sáenz es el mejor ejemplo de cómo la política provincial puede disfrazar sus movimientos, pero no puede evitar que la sociedad perciba la verdadera jugada de fondo.
Gustavo Sáenz podrá abstenerse en el recinto, pero en la calle, la abstención no se compra.

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