Los hechos recientes podrían unificar al peronismo, la izquierda y los movimientos sociales ante las agresiones del oficialismo.
Cuando Juan Domingo Perón fue detenido en 1945, generó una reacción popular inédita en la historia argentina: un movimiento de abajo hacia arriba que culminó con la gran movilización del 17 de Octubre. Hoy, diferentes sectores sociales comienzan a articular una respuesta ante el avance de políticas que muchos consideran regresivas.
La creciente tensión política, las agresiones públicas contra Cristina Fernández de Kirchner, la unificación del reclamo en «Tierra del Fuego», los ataques a médicos y trabajadores del Hospital Garrahan, el ajuste sobre las personas con discapacidad, las embestidas contra el periodismo y los jubilados, junto con la represión desproporcionada llevada a cabo por las fuerzas de seguridad bajo el mando de Patricia Bullrich, configuran un escenario que podría desembocar en una respuesta colectiva.
A esto se suma la baja participación electoral en comicios recientes, lo que refleja cierto malestar social con el rumbo del país. Todos estos hechos, ocurridos en apenas una semana, podrían generar un punto de inflexión: la posible unificación de sectores del peronismo, partidos de izquierda y movimientos sociales.
Sin duda, esta cadena de acontecimientos debilita la construcción política y electoral de La Libertad Avanza y de su líder, Javier Milei. Aunque resta ver qué sucederá a partir del miércoles 18, ya es posible advertir dos síntomas significativos.
El primero: el peronismo parece haber superado el síndrome de la derrota de 2023. El segundo: se empieza a percibir un fuerte arrepentimiento en los sectores populares por el voto emitido en las últimas elecciones.
El sociólogo Enzo Traverso, estudioso del auge de las ultraderechas y sus ecos en los progresismos, aporta una lectura interesante del escenario actual:
“Es difícil catalogar al kirchnerismo como de izquierda, pero tampoco es de derecha. El progresismo y la oposición viven una suerte de melancolía crónica: el dolor por lo que es, y por lo que no pudo ser”.
Mientras figuras como José Luis Espert escalan en agresividad —acusando públicamente a la hija de Cristina Kirchner con insultos misóginos—, la ira social prolifera y muestra su cara más perversa.
El recuerdo del 17 de Octubre vuelve como advertencia: la historia argentina demuestra que los pueblos no permanecen indiferentes frente al atropello.







