Organismos internacionales y sectores sociales advierten sobre el deterioro del clima democrático en Argentina, marcado por agravios, intolerancia y discurso autoritario desde el poder.
En apenas dos años, Argentina atraviesa un profundo cambio social y económico impulsado por el gobierno de Javier Milei. Con una velocidad inusitada, las transformaciones prometidas como esperanza por ciertos sectores —en particular una parte de la clase media construida desde el resentimiento— comienzan a evidenciar consecuencias negativas.
Lo que más inquieta, sin embargo, no son solo las decisiones económicas, sino el estilo discursivo del presidente. La verborragia de Milei, plagada de agravios y ataques groseros, apunta no solo contra opositores políticos, sino también contra periodistas, médicos, trabajadores y hasta sectores vulnerables. Esto ha generado alarma en distintos niveles institucionales y recuerda peligrosas prácticas de regímenes autoritarios, donde se impone la lógica amigo-enemigo y se debilita el pluralismo democrático.
La grieta, que el propio oficialismo ayudó a profundizar desde ciertos medios afines, hoy se manifiesta incluso hacia adentro del gobierno. Y empieza a ser evidente que esta polarización extrema no fortalece al oficialismo, sino que lo aísla.
En este contexto, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la OEA, pese a su bajo reconocimiento en algunos círculos, emitió un fuerte llamado de atención:
“Se observa un deterioro acelerado del ambiente para el ejercicio de la libertad de expresión en la Argentina, caracterizado por la baja tolerancia del Poder Ejecutivo hacia las críticas y los procesos deliberativos” (La Nación, 2-6-25).
A ello se suma la intolerancia hacia trabajadores del Hospital Garrahan, objeto de críticas injustificadas, y un nuevo hecho que generó polémica: la utilización del canal infantil Paka Paka para transmitir mensajes orientados a la defensa del libre mercado y al “combate contra el monstruo socialista”, en contenidos dirigidos a niños.
El escenario político y comunicacional en Argentina se tensa cada vez más, y la preocupación por la salud de la democracia crece tanto en el ámbito local como internacional.







