Por María Eugenia Yaique

¿Qué nos ha pasado como sociedad para permitir que repriman, denigren, golpeen y lleven a la muerte a nuestros adultos mayores?

¿Qué nos ha pasado para permitir que un presidente delirante, insensible, extraviado y patológico nos gobierne, entregue nuestra patria, venda nuestro oro, reprima a nuestros jubilados y entregue nuestras tierras al capitalismo internacional?

¿Qué nos ha pasado para mirar por TV, desde los cómodos sillones de nuestras casas, cómo esconden la comida destinada a los más carenciados, prefiriendo que se pudra antes de repartirla?

¿Qué nos ha pasado para justificar las estupideces de quienes nos gobiernan, su insensibilidad criminal y la cobardía de quienes no protestan?

¿Qué nos ha pasado para no reaccionar ante la retención de medicamentos para pacientes terminales y convertirnos, con nuestra indiferencia, en partícipes de su agonía?

¿Qué nos ha pasado para conformarnos con sueldos de hambre, con una suba expropiatoria de impuestos, con la imposibilidad de conseguir trabajo y con un consumo cada vez más reducido?

¿Qué nos ha pasado para mirar todo por televisión, sin reacción, sin empatía, sin lucha ni solidaridad con los carenciados, los humildes y los pobres?

¿Qué nos ha pasado para quedar embelesados con los «armados» problemas sociales, sentados frente a la caja boba comiendo pochoclos, absortos con la novela de Alberto, el diputado pedófilo de La Libertad Avanza; con los delirios de Lemoine y la frivolidad de Yuyito, mientras no salimos a la calle a reclamar por la restitución de nuestra patria?

¿Qué nos ha pasado para contemplar la indiferencia de la CGT, de los partidos políticos, de los dirigentes y de los supuestos próceres de Billiken, sin ser capaces de:

  • movilizarnos;
  • solidarizarnos;
  • agitarnos;
  • proclamarnos.

No vaya a ser que, cuando nos demos cuenta de que Nerón ha incendiado nuestra aldea, no nos queden más que cenizas y nuestras últimas fuerzas estén ya desgastadas para volver a empezar.

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