Dos grandes exponentes de la rosca política se dieron cita, se abrazaron entre aplausos y dejaron algo más que fotos: el camino hacia 2027 ya empezó a marcarse. El archivo es implacable. En ese mismo predio fueron vitoreados Néstor Kirchner y Mauricio Macri. Cuando aplaudían a Néstor, lo escoltaba José Manuel de la Sota; cuando el ovacionado fue Macri, el ladero era Juan Schiaretti. La historia se repite, aunque con nuevos nombres y viejas mañas.

Desde 1998, el peronismo cordobés siempre contó con la bendición del poder nacional. Macri llevó ese arte al extremo en 2019, cuando partió Juntos por el Cambio en dos para garantizarle a Schiaretti un triunfo sin sobresaltos.
Hoy Martín Llaryora juega sin ese puente. El Gobierno nacional parece decidido a disputar Córdoba a fondo.
La foto de Javier Milei con Gabriel Bornoroni —peronista reciclado y jefe libertario con aval de Karina Milei— dejó en claro la apuesta. El problema no fue la ovación al Presidente, eso ya ocurrió otras veces, sino que, por primera vez, un mandatario compartió aplausos con un candidato opositor en territorio ajeno.
Si en un año el plan económico no mejora, la parafernalia folclórica será apenas el telón de un fracaso. Allí Llaryora se frota las manos mientras Bornoroni carga la cuenta. Apalancado por los primos Menem, rodeado de aliados prestados y esperando que Rodrigo de Loredo llegue sin aire, el libertario sueña con fórmula y hasta con vice: Luis Juez.
Lo concreto es simple: cada visita de Milei a Córdoba es una señal. La apuesta es Bornoroni. El resto, por ahora, son aplausos prestados y candidaturas en borrador.





