En plena discusión sobre cómo enfrentar a Javier Milei en las próximas elecciones legislativas, el retorno de Juan Manuel Urtubey como candidato a senador nacional no solo genera incomodidad dentro del peronismo salteño: también expone la falta de autocrítica y responsabilidad política de quien gobernó Salta durante más de una década y luego se desentendió tanto del país como de su provincia.

Sergio Leavy y Manuel Santiago Godoy, dos dirigentes con aspiraciones propias, coincidieron en entrevistas radiales con FM Aries en la necesidad de construir un frente amplio, aunque también dejaron al descubierto las fracturas internas. Leavy reclamó que el gobernador Gustavo Sáenz tome posición y deje de jugar a la neutralidad. “Si no hay unidad, La Libertad Avanza se lleva todo”, advirtió. Godoy, por su parte, lamentó no haber logrado una reunión entre Leavy y Urtubey: “No tienen ganas de juntarse”.

Pero el obstáculo central no es la falta de voluntad entre dirigentes, sino la presencia incómoda de Urtubey. Tras dos años de retiro político, reapareció como si nada hubiera pasado, ignorando los episodios más graves de su gestión: el caso de las turistas francesas, la mesa judicial salteña, los fondos de recuperación histórica.

Como si esto fuera poco, Urtubey regresa al peronismo que él mismo despreció y combatió. En los últimos años no solo tomó distancia del kirchnerismo, sino que se dedicó activamente a atacarlo: dijo que Cristina Fernández de Kirchner “usó el poder para disciplinar y no para consensuar”; que el país salía de “un modelo populista fracasado”, y que el kirchnerismo dejó una “economía devastada”, con “inflación y pobreza insostenibles”.

En su intento de construir un «peronismo moderno», Urtubey repitió eslóganes vacíos como “superar la grieta”, mientras acusaba al kirchnerismo de gobernar con una lógica de “amigo-enemigo” que, según él, “no era sana para la democracia”. Incluso llegó a decir que durante esos años “hubo mucha corrupción y se tiene que investigar todo”. En 2018 y 2019 sostuvo con énfasis que Cristina Kirchner no debía volver al poder porque “representa el pasado” y “divide más de lo que suma”. “Con Cristina no alcanza, y con Cristina no se puede”, afirmaba, en sintonía con el fallido espacio de Alternativa Federal.

Ese es el Urtubey que hoy pide pista para volver. ¿Con qué cara pretende encabezar un frente opositor peronista si no solo abandonó el campo popular cuando más lo necesitaba, sino que atacó sistemáticamente a sus principales referentes y despreció a su propia base?

Su regreso no solo es oportunista: es una falta de respeto a la memoria colectiva de un pueblo que todavía recuerda su gestión plagada de zonas grises. Vuelve sin rendir cuentas, sin disculpas, sin autocrítica.

Pero no se olvida. Ni la represión en la provincia, ni el blindaje judicial, ni las traiciones políticas. Urtubey no representa ni renovación ni futuro: es el emblema de una política calculadora, elitista y desconectada de las mayorías. Su figura no suma: divide, incomoda y evidencia lo que hay que dejar atrás.

Mientras tanto, el justicialismo salteño sigue enredado en sus propias contradicciones, sin una estrategia clara para enfrentar al modelo libertario. Leavy y Godoy llaman a la unidad, pero el problema no es solo técnico ni de alianzas: es ético y político. No se puede construir una alternativa con quien representa el pasado más opaco. Si Urtubey es parte del frente, no hay renovación posible. Solo más de lo mismo.

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