Decir que el Partido Justicialista “quedó totalmente vaciado” es una definición correcta, pero injusta si no se señala con claridad a los verdaderos responsables. No fueron los afiliados ni la militancia, que asistieron con estupor a un proceso de degradación política mientras veían cómo, en nombre del PJ, dirigentes ingresaban al gobierno o negociaban cargos sin consulta ni debate interno.

El ejemplo más obsceno del vaciamiento ideológico se dio en el Congreso Nacional. Pablo Outes, Yolanda Vega y Pamela Caletti llegaron a sus bancas por el voto peronista, pero acompañaron con sus decisiones al gobierno de los hermanos Milei, avalando leyes contrarias a los intereses de los trabajadores, los jubilados y el pueblo. Votar contra el mandato popular no es una diferencia táctica: es una ruptura política y doctrinaria.

El alejamiento de dirigentes históricos y cuadros políticos tampoco fue casual. Fue el resultado de una política sistemática de cooptamiento que reemplazó la militancia por obediencia y la discusión política por acuerdos individuales con el poder de turno.

A esta crisis se suma un dato grave y silenciado: nadie sabe qué pasó con los recursos del partido. Existen aportes obligatorios que se descuentan de sueldos y dietas de funcionarios, legisladores, concejales y diputados del PJ, pero no hay balances públicos, rendición de cuentas ni transparencia. Ese manejo oscuro de los fondos partidarios es otra de las razones por las que el PJ perdió credibilidad y representación.

Las consecuencias están a la vista: hoy el Partido Justicialista no tiene representación legislativa propia en el Congreso de la Nación. No es un accidente electoral, es el resultado político de haber vaciado al partido de ideas, coherencia y democracia interna.

Frente a este escenario, los afiliados del PJ decidieron organizarse. El próximo 21 de febrero se realizará el Congreso de la Militancia con un objetivo claro: exigir el levantamiento inmediato de la intervención, convocar a elecciones internas sin dilaciones y rechazar de manera categórica la afiliación de los tres exdiputados nacionales que traicionaron el mandato popular.

El peronismo no está muerto: está secuestrado. Y la militancia empieza a reclamar lo que siempre le perteneció: un partido con doctrina, con reglas claras y al servicio del pueblo, no del poder.

Salta, 5 de febrero de 2026.
Fuente: FM Aries

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