El avance de los gobernadores, el retroceso de la ley de Ficha Limpia y los gestos autoritarios del presidente Javier Milei reavivan la pregunta sobre una posible «feudalización» del país.

En las últimas elecciones del domingo, todos los oficialismos provinciales lograron imponerse en sus distritos. Este dato no es menor y vuelve a poner sobre la mesa el peso creciente de los gobernadores en el mapa político argentino. La maquinaria estatal, el control territorial, electoral, mediático y judicial son factores clave que explican esta consolidación.

Ficha Limpia y un llamado desde la Rosada

Días antes de que se votara el proyecto de ley de Ficha Limpia en el Senado, el presidente Javier Milei ya había adelantado que no contaba con los votos necesarios para su aprobación. No obstante, intentó despegarse de la caída del proyecto responsabilizando al PRO, a quienes llamó irónicamente “los abuelitos republicanos”.

Horas después, los senadores de Misiones —que venían votando alineados con la Casa Rosada— cambiaron su postura y votaron en contra. La ley fue rechazada por apenas un voto. Algunos medios difundieron un off the record atribuido a Carlos Rovira, líder político del oficialismo misionero, quien habría afirmado que el propio Milei lo llamó para pedirle que sus legisladores votaran en contra de la norma.

Carlos Rovira, el señor feudal de Misiones

Carlos Rovira lleva más de dos décadas manejando la política de Misiones. Bajo su hegemonía, han proliferado denuncias de autoritarismo, clientelismo y falta de alternancia democrática. Críticos del oficialismo provincial afirman que Rovira ejerce un control absoluto sobre el aparato estatal, lo que obstaculiza la transparencia y la equidad.

Uno de los momentos clave en esta historia ocurrió en 2006, cuando Rovira impulsó una reforma constitucional para habilitar la reelección indefinida. En aquel momento, el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio —hoy el Papa Francisco— intervino indirectamente. Habló con el sacerdote Joaquín Piña, quien finalmente decidió liderar la oposición al intento de perpetuación en el poder. Según relató Piña, Bergoglio le dijo: “Esto no es política, esto es mucho más que eso. Tenés todo mi apoyo. Metete”.

Un país cada vez más descentralizado… y fragmentado

El sistema federal argentino, junto a la descentralización de áreas clave como salud y educación durante el menemismo, permite a los gobernadores manejar cuantiosos recursos sin depender directamente del poder central. Esto ha favorecido la construcción de estructuras propias, con fuerte control local, sin necesidad de vinculación a espacios políticos nacionales.

Esta lógica territorial quedó evidenciada en los comicios del domingo: todos los oficialismos provinciales retuvieron el poder. A pesar de su debilidad parlamentaria, Milei ha sabido tejer acuerdos con gobernadores de distintos signos políticos, lo que le permitió avanzar con varios proyectos legislativos.

Milei y el periodismo: del discurso al escrache judicial

En paralelo a este proceso de consolidación territorial, el presidente Javier Milei ha adoptado una actitud confrontativa hacia la prensa. Recientemente, se lo escuchó decir: “¿Tenés ahí los nombres de los periodistas que tengo que meter en cana? Firmé tres denuncias a distintos periodistas por mentiras, por ejemplo, por tratarme de nazi”.

Aunque ningún periodista lo llamó literalmente “nazi”, el mandatario avanzó con denuncias penales. Este gesto preocupa por su impacto en la libertad de expresión. Las declaraciones de Milei se inscriben en una lógica peligrosa: primero la burla, luego la acusación judicial. Ya había dicho que “no se odia lo suficiente a los periodistas”, tras el violento ataque a Roberto Navarro, director de El Destape.

En este contexto, el accionar presidencial se parece cada vez más al de un caudillo feudal. Como ocurre en algunas provincias donde el ejercicio del periodismo crítico es un acto de riesgo, la Argentina central empieza a experimentar esa misma lógica.

¿Una nueva era de caudillos?

La pregunta final es tan provocadora como necesaria: ¿se está feudalizando la Argentina? El poder creciente de los gobernadores, la judicialización de las críticas, el control territorial y la falta de alternancia son señales de alerta. Y no se trata sólo de los líderes provinciales. El propio presidente Milei, con actitudes autoritarias y acuerdos pragmáticos con los caudillos del interior, parece ocupar el rol de un caudillo nacional.

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