La persecución contra Cristina Fernández de Kirchner no terminó con una condena trucha y sin pruebas; continúa hoy con un ensañamiento feroz durante su detención. Los datos de la propia Justicia Federal desnudan una verdad incontrastable: lo que armaron contra ella no es derecho, sino la histórica venganza de la oligarquía contra los líderes populares. Un caso de asfixia política y aislamiento que no tiene precedentes en nuestra historia democrática.

Mientras las prisiones domiciliarias en Argentina se aplican con criterios de flexibilidad, para Cristina diseñaron un calabozo invisible. En todo el país, el 98,24 % de los detenidos bajo esta modalidad no tiene límites para recibir visitas. Pero a ella la ubicaron dentro del exiguo 1,76 % que sufre restricciones extremas: solo puede ver a tres personas, dos veces por semana y durante dos horas.

El doble estándar es una provocación: los capos narcos —de los cuales solo el 0,86 % tiene restricciones— y los genocidas de la dictadura gozan de libertades que a la expresidenta le niegan.

Vale recordar el caso del represor Jorge Olivera, quien celebró sus bodas de oro con 60 invitados y banda en vivo en su domicilio, mientras que a la mujer que le devolvió la dignidad al pueblo le cercenan hasta el entorno afectivo más elemental.

El control es total. Le colocaron una tobillera electrónica, un dispositivo que solo utiliza el 19 % de quienes cumplen prisión domiciliaria, además de una custodia permanente de la Policía Federal. También le prohibieron salidas médicas, recreativas o caminatas, un derecho que posee más de la mitad de los presos del país. A Cristina apenas le permiten pisar la terraza dos horas al día.

Esto no es justicia: es lawfare puro, la misma receta que la reacción continental utilizó contra Lula, Correa y Evo Morales. Como la oligarquía no puede derrotar al peronismo en las urnas ni borrar el amor de su pueblo, utiliza los tribunales para disciplinar.

Buscan quebrar a la conductora para escarmentar a los de abajo. Pero se equivocan: la saña judicial solo agiganta su figura y expone el miedo de los poderosos.

Entrada Relacionadas