La crisis política y social que atraviesa la Argentina empieza a mostrar el desgaste acelerado del proyecto de Javier Milei. El presidente, que llegó a fuerza de insultos, gritos y promesas de “terminar con la casta”, hoy exhibe en público señales de agotamiento político. Incluso maltrata en vivo a periodistas que hasta hace poco funcionaban como aliados incondicionales de su gobierno. La impotencia frente a una gestión que no logra mejorar la vida de las mayorías empieza a desbordar al propio oficialismo.
EL MILEÍSMO, ATRAPADO POR SU PROPIA CORRUPCIÓN
Milei construyó su liderazgo denunciando corrupción y privilegios. Sin embargo, apenas iniciada su gestión, el escándalo de la criptomoneda Libra golpeó el corazón de su relato moral. Desde entonces, las sospechas sobre el entorno presidencial crecieron junto a las denuncias que rodean a Karina Milei y Manuel Adorni. El gobierno que prometía transparencia terminó atrapado en internas, operaciones y disputas de poder.
LA DECEPCIÓN SOCIAL YA NO PUEDE OCULTARSE.
Millones de argentinos observan cómo se derrumban sus condiciones de vida mientras el salario pierde valor frente a la inflación, el endeudamiento familiar se vuelve insoportable y el crédito dejó de servir para crecer: ahora se usa para pagar alquileres o comprar alimentos. El trabajo precarizado mediante aplicaciones y las billeteras virtuales apenas funcionan como paliativos de una crisis más profunda..
En ese contexto, también reaparecen las limitaciones del peronismo. Mientras dirigentes como Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto, Guillermo Moreno figuras gastadas, no pueden reorganizar la oposición El peso del fracaso del gobierno de Alberto Fernández continúa condicionando al espacio. La conciliación con el poder económico, la falta de confrontación con el capital financiero y la dependencia de la deuda dejaron heridas abiertas.
Sin la conducción central de Cristina Fernández de Kirchner, el peronismo aparece fragmentado, atrapado entre llamados abstractos a la unidad y una fuerte ausencia de propuestas transformadoras. La CGT, mientras tanto, ofrece una imagen de inmovilidad y debilidad, cada vez más alejada de los conflictos cotidianos de los trabajadores.
MILEI PERDIÓ EL RELATO Y LA CALLE EMPIEZA A RESPONDER
En paralelo, empieza a crecer otra referencia política y social. Las miradas se dirigen hacia Myriam Bregman y el Frente de Izquierda, no solamente por sus posiciones parlamentarias sino porque aparecen como uno de los pocos sectores que confrontan de manera permanente con el modelo libertario. Su discurso directo, sin ambigüedades, logra conectar con sectores golpeados por el ajuste.
El crecimiento de Bregman expresa algo más profundo que una simpatía pasajera: refleja el agotamiento de las fórmulas moderadas frente al poder económico.
Mientras tanto, sectores de la derecha ya imaginan un “mileísmo sin Milei”. Algunos miran con simpatía a Patricia Bullrich o a Victoria Villarruel como posibles herederas de un proyecto político que intenta sobrevivir al desgaste presidencial. La propia vicepresidenta comenzó a marcar diferencias públicas con el entorno presidencial, dejando al descubierto las fisuras internas del gobierno.
La disputa que se abre en la Argentina no es solamente electoral. Es social, económica y cultural. Salir de esta crisis exige algo más que recambio de nombres. Requiere construir un frente político con alternativa política capaz de enfrentar al poder económico y abandonar definitivamente las recetas de moderación que ya fracasaron. Porque administrar el ajuste con otro discurso no alcanza. La sociedad argentina empieza a buscar algo distinto.





