Los agnósticos decían que la “esperanza” era la señal de los católicos para anunciar la llegada del Señor. Pero quienes votaron a los hermanos Milei ya perdieron la esperanza. Eso era lo que esperaban, y lo apoyaron durante estos 18 meses. Hoy, a 570 días de haber iniciado el gobierno, la realidad es muy distinta.
La depresión no es solo un síntoma de salud mental: uno de cada cuatro argentinos presentó síntomas de depresión o ansiedad durante estos 568 días del reinado de los hermanos Milei. Con anterioridad, durante la pandemia, ya habíamos sufrido estas afecciones, pero ahora se multiplicaron con furia debido a la crisis económica y social. Casi un 30% de la población las está padeciendo, en paralelo con la depresión económica.
La crisis fue anunciada primero por la oposición política, que fue denostada por “haber perdido”, pero ahora las críticas no solo provienen de periodistas y economistas –los “mandriles”, como los insulta Milei– sino que superan el 50% y llegan incluso desde quienes hasta ayer apoyaban fuertemente al gobierno.
De hecho, las críticas ya subieron al eslabón social. Desde julio, la clase media advierte: “Las cadenas de pago están prendidas fuego. El pago de tarjetas está en rojo. La caída del consumo se percibe en la calle”. Hoy se piden préstamos para pagar los servicios y se compran alimentos en tres cuotas con tarjeta de crédito en los supermercados.
Cristina Kirchner se burló diciendo que el plan económico del gobierno “tiene vencimiento como el yogur” y advirtió que enfrenta dos destinos posibles: la explosión o la implosión. Sin embargo, podría suceder que no haya ni explosión ni implosión, sino una depresión social profunda por el deterioro de la vida de la población, como pasó en Chile en 2019, que terminó generando un estallido social. Porque la crisis no viene solo por la macroeconomía, sino por la microeconomía.
La baja del consumo y de la actividad económica va produciendo malestar en la sociedad, que se traduce en desesperanza, problemas de salud mental y falta de perspectivas. Tal vez este escenario sea el peor de todos, porque genera menos posibilidades de cambio positivo.
Los datos no son auspiciosos. En mayo de 2025, la única actividad que creció fue la producción de cultivos extensivos, mientras que la producción industrial cayó un 0,2% y la importación total de bienes bajó un 1,3%. Esto se debe, en parte, a que la apertura de las importaciones hizo imposible que los industriales locales pudieran competir.
Un dato trágico sobre la caída de la actividad económica y los bajos ingresos es que, en 2024, el 53% de las personas que ingresaron al mercado laboral fueron jubilados, que buscan complementar sus haberes para subsistir. Así lo determinó un análisis del Instituto Argentina Grande (IAG) en base a datos oficiales.
Analicemos ahora la respuesta del propio Javier Milei ante la baja de la actividad económica. En junio, en una entrevista con LN+, dijo: “Cambió la metodología bajo la cual la gente consume. Es mejor mirar los números de Mercado Libre que cualquier indicador. La gente se la pasa comprando por Mercado Libre y paga con Mercado Pago”.
Es interesante esto que dice Milei. Es una mentira y una burla, como si no fueran los mismos supermercados y locales –que registran la caída en la actividad económica– los que venden a través de Mercado Libre y cobran con Mercado Pago.
Las caídas son graduales, pero persistentes. Esperemos que la política pueda ofrecer, como alternativa, una salida para que no sigan avanzando la depresión, la ansiedad y el resto de los problemas psicológicos.
La desesperanza es lo que avanza. Ya pasaron 18 meses y la gente ve que no hay un límite. No es como el duelo, que puede durar entre un año y medio y tres años antes de convertirse en algo patológico. Hay un plazo para la espera. En el corto plazo es esperanza, pero en el largo es desesperanza.





