El Mundial 2026 expone algunos de los contrastes más brutales del capitalismo contemporáneo en un mundo atravesado por guerras, crisis humanitarias y crecientes desigualdades.
La FIFA proyectó una recaudación récord de aproximadamente U$S 13.000 millones entre 2023 y 2026, de los cuales unos U$S 8.900 millones se generarán directamente a partir de la Copa del Mundo que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá.
Para justificar semejante volumen de ingresos, la competencia se amplió de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos. La expansión responde, en gran medida, a razones comerciales: más encuentros significan más horas de transmisión para vender a las cadenas de televisión en horarios premium para los mercados americano y europeo. Solo por derechos televisivos se estima una recaudación cercana a los U$S 3.900 millones.
En cuanto a la venta de entradas, la capacidad de los estadios norteamericanos permite proyectar más de 5,5 millones de espectadores, con una facturación estimada en U$S 3.000 millones, una cifra que triplica los ingresos obtenidos por este concepto durante el Mundial de Qatar, que alcanzaron los U$S 950 millones.
Con precios dinámicos según la demanda
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aseguró que el organismo recibió más de 500 millones de solicitudes para los cerca de siete millones de localidades disponibles.
La elección de Estados Unidos como sede principal también responde a una lógica de negocios. La magnitud del mercado norteamericano facilitó la firma de acuerdos multimillonarios con corporaciones globales y marcas regionales vinculadas a sectores como tecnología, energía, licencias y servicios. Por esta vía, la FIFA proyecta ingresos cercanos a los U$S 2.800 millones.
En este contexto, cada segundo vale millones. Incluso las pausas de hidratación generaron controversias, ya que fueron aprovechadas por las transmisiones para incorporar espacios publicitarios adicionales, incrementando así los ingresos comerciales del evento.
El Mundial y la guerra
Las imágenes de Lionel Messi o de Shakira recorren el planeta y concentran la atención mediática global. Sin embargo, detrás del espectáculo aparecen fuertes contrastes.
Uno de los más visibles es la diferencia entre los miles de millones de dólares destinados por los países anfitriones a seguridad, infraestructura, logística urbana y adecuaciones de transporte exigidas por la FIFA, y la escasa atención que reciben numerosas problemáticas sociales que afectan a millones de personas en distintas regiones del mundo.
Se estima que alrededor de U$S 3.800 millones serán destinados exclusivamente a la organización y ejecución del torneo de 2026. De ese total, unos U$S 655 millones corresponderán a premios para las selecciones participantes. El campeón del mundo recibirá U$S 50 millones.
Los ingresos indirectos, en cambio, quedan principalmente en manos de los países organizadores, donde Estados Unidos aparece como el gran beneficiario. Algunas estimaciones indican que el torneo generará una actividad económica global cercana a los U$S 80.000 millones, de los cuales alrededor de U$S 17.000 millones quedarían en territorio estadounidense, tras una inversión estimada en U$S 11.000 millones.
México y Canadá también obtendrán beneficios económicos, aunque en menor escala, ya que albergarán apenas 13 partidos cada uno, frente a más de 70 encuentros que se disputarán en Estados Unidos. Aun así, recibirán importantes ingresos derivados del turismo, la actividad hotelera, la gastronomía y otros servicios asociados al evento.
Mientras tanto, la FIFA continúa acumulando ingresos récord sin destinar parte de esa recaudación a financiar las inversiones que deben afrontar los países anfitriones para hacer posible el espectáculo deportivo más importante del planeta.
Por Lucía Ortega






