Las últimas elecciones internas del Partido Justicialista de Salta se realizaron el 12 de febrero de 2023 y consagraron como presidente a Esteban Amat Lacroix. Desde entonces, el partido atravesó un recorrido digno de una serie política de varias temporadas: dos intervenciones dispuestas por el PJ Nacional —primero con Sergio Berni y luego con Pablo Kosiner—, además de una intervención judicial. Un verdadero festival institucional, donde la estabilidad fue una invitada ocasional.

Hoy, poco más de tres años después, unos 90.500 afiliados vuelven a ser convocados para elegir nuevas autoridades partidarias.

Según trascendidos, y tras algunas «visitas de cortesía», la jueza federal María Servini habría designado como interventor judicial al expresidente de la UCR salteña, Napoleón Gambetta, quien convocó a elecciones internas para el próximo 2 de agosto de 2026.

La Junta Electoral quedó integrada por la Dra. Frida Fonseca, Marcos Galeán y Dino Tapia.

Fonseca confirmó ante la prensa que existen más de 20 pedidos de participación y reservas de nombre de listas en toda la provincia. También aclaró que, para competir, será obligatorio presentar listas completas en todos los departamentos, tal como lo establece el artículo 16 de la Carta Orgánica del PJ.

En estos comicios se utilizará el sistema de voto en papel y será el propio Partido Justicialista el que asumirá los costos de impresión de las boletas. El voto electrónico quedó descartado. Oficialmente, por razones presupuestarias. Extraoficialmente, nunca faltan quienes sostienen que el papel conserva ciertas ventajas sentimentales en la política.

La intervención también anunció que reclamará los aportes económicos de los legisladores que accedieron a sus bancas en representación del PJ y que, mensualmente, entregan el 10% de sus dietas para financiar el funcionamiento partidario. Esos fondos, según se informó, serán destinados al proceso electoral.

También quedó establecido que no habrá elecciones parciales por departamentos. Sin embargo, no se descarta que algunos afiliados intenten competir únicamente en las categorías de los consejos departamentales, una discusión que podría sumar un nuevo capítulo judicial a esta historia que, por momentos, parece más cercana a la Liga Salteña de Fútbol que a la vida institucional de un partido político.

Ahora bien, detrás de los reglamentos, los padrones y la exigencia de listas completas, muchos observadores creen advertir una disputa política de mayor alcance. El gobernador Gustavo Sáenz, quien en reiteradas oportunidades afirmó no ser ni peronista ni kirchnerista, parece comprender una vieja regla de la política salteña: para pensar en un eventual tercer mandato no alcanzan los votos; también hacen falta estructuras. Y pocas estructuras conservan el peso territorial y simbólico del Partido Justicialista.

Por eso el PJ vuelve a convertirse en una pieza codiciada. Porque cuando se acercan las elecciones, las identidades ideológicas suelen ceder terreno frente a las negociaciones, las alianzas de ocasión y las conveniencias políticas.

La política salteña vuelve a demostrar que hay vínculos que no nacen de las convicciones, sino de la necesidad. Y que, como tantas veces ocurrió, las aventuras, los acomodos y las roscas siguen ocupando un lugar central en la construcción del poder.

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