Javier Milei buscará imponer su relato atacando la libertad de prensa y justificando la designación por decreto de los jueces Ariel Lijo y Manuel García Mansilla en la Corte Suprema. Todo esto en un contexto de debilidad política y creciente autoritarismo presidencial. Será la segunda vez que le toque encabezar la Asamblea Legislativa, pero en esta oportunidad lo hace en el peor momento de su Gobierno.

Esta situación quedó en evidencia en la «entrevista» arreglada con Jonatan Viale, donde millones de personas vieron cómo su asesor estrella interrumpía una pregunta para susurrarle al oído el libreto y modificar una respuesta que podía comprometerlo judicialmente.

Además, los periodistas políticos y parlamentarios no podrán ocupar sus lugares habituales, ya que estos han sido reservados exclusivamente para la tribuna de invitados oficiales y la “hinchada” oficialista. Solo habrá fotógrafos oficiales, pero no es la primera vez que se restringe el acceso de la prensa en eventos clave. Ocurrió en el discurso del 1° de marzo del año pasado y en la presentación del Presupuesto 2025, un comportamiento propio de un gobierno débil que necesita blindar su relato a cualquier costo.

Milei, golpeado en su credibilidad tras la estafa de la criptomoneda $LIBRA —que no podría haberse concretado sin su intervención directa—, enfrenta ahora el rechazo generalizado a la designación por decreto de Lijo y García Mansilla. Esta decisión fue criticada incluso por sus propios aliados, como un sector del PRO vinculado a Mauricio Macri y la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), que advirtió: «La imprevisibilidad institucional y la falta de reglas claras erosionan la confianza de los actores económicos y alejan las inversiones necesarias para el desarrollo del país».

El plan económico del gobierno, basado en un ajuste brutal, no solo afecta a millones de trabajadores con un consumo en caída libre y más de 200.000 puestos de trabajo perdidos, sino que también genera preocupación en sectores de la burguesía, que acumulan críticas sobre el tipo de cambio y las restricciones cambiarias.

El discurso de este sábado por la noche se perfila como un espectáculo político diseñado para desviar la atención de las múltiples crisis que enfrenta el gobierno. Con cámaras cuidadosamente colocadas para ofrecer una imagen controlada y sin periodistas que puedan cuestionar lo que sucede, Milei intentará recuperar el control de la agenda mediática.

El show debe continuar, aunque esté completamente desconectado de la realidad que vive la mayoría de la población.

Diputados y senadores de Unión por la Patria ya manifestaron que no participarán del acto, al igual que los radicales de Martín Lousteau y los legisladores de la Izquierda Unida. Hasta el momento, solo tres gobernadores confirmaron su asistencia.

La devaluación de la palabra presidencial y el rápido desgaste de su credibilidad, tanto a nivel nacional como internacional, generan el escenario perfecto para que las movilizaciones se multipliquen en rechazo al ajuste de un gobierno que no tiene nada para ofrecer, más que un espectáculo decadente y risible.

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