La política discute su representatividad, mientras cada vez representa menos a quienes la eligen. Este año elegimos tres senadores y tres diputados nacionales, con sus respectivos suplentes, respetando la paridad de género.

La crisis social y económica se agrava, pero no hay un dirigente que responda con un programa serio. Todo es rosca y arreglos de cúpula. Nadie se hace cargo.

Con el desempleo en alza y un mercado interno paralizado, nos preguntamos: ¿cómo sobreviven quienes ni siquiera consiguen changas? ¿A los políticos eso no les importa? ¿Y la sociedad, anestesiada, en silencio, no se pregunta nada?

Aumentan los suicidios adolescentes, crece la ludopatía, avanza el narcotráfico. Este gobierno anarcocapitalista lo profundizó brutalmente. Se despide gente sin pruebas, sin importar que detrás hay miles de familias.

Lo único que se ve es destrucción y desolación social: de la Argentina productiva, de la educación, de la ciencia. A nadie le importa la adicción de los niños, ni los mayores de 80 años sin alimentación y en situación de calle. ¿De qué sirve un supuesto equilibrio fiscal si el país se cae a pedazos sin salud, sin educación, sin trabajo?

El Presidente es un desquiciado, un enfermo mental y un francotirador ideológico. Soluciona uno y destruye diez problemas.

La Liga de Gobernadores, harta del ninguneo oficial y de las agresiones, se unió y logró la media sanción de una ley para un alivio económico.

Pero el precio puede ser letal. Milei puede conseguir los votos comprados para voltear la ley que da un ingreso extra a jubilados y familias con hijos discapacitados. Si lo hacen, serán los sepultureros de la última esperanza social. La democracia habrá perdido otra oportunidad.

Y mientras tanto, Milei, desde la Bolsa de Comercio, llama a los senadores “nido de ratas” por querer ayudar a los más vulnerables. Aplauden los ricos y gritan “¡Viva la libertad, carajo!” mientras se hunde medio país. La grieta entre los que tienen todo y los que no tienen nada se convierte en una fractura social.

¿Y la oposición? Bien, gracias… sigue muda.

La vicepresidenta Villarruel rompió el silencio. Pero ya es tarde. El daño está hecho.

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