La relación entre el Gobierno nacional y las provincias atraviesa una etapa crítica. Mientras Javier Milei profundiza su plan de ajuste y desmantelamiento del Estado, varios gobernadores comienzan a manifestar su hartazgo ante lo que consideran una política centralista que ignora las necesidades reales del interior. Entre ellos, el salteño Gustavo Sáenz ha dejado de lado los matices para expresar con claridad su malestar.


El conflicto más visible gira en torno a la obra pública, y en particular, al estado de abandono de las rutas nacionales. Sáenz denunció públicamente la situación de la Ruta 34, vital para el sur salteño, cuyo deterioro no solo compromete la seguridad vial sino también la logística y el desarrollo productivo de la región. “La falta de recursos compromete seriamente el mantenimiento de las rutas”, dijo, apuntando directamente a la responsabilidad del Estado nacional.
La crítica no es aislada. El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, recurrió a carteles para señalar las rutas abandonadas por la Nación. La frase “Aquí empieza la ruta nacional mantenida por el Estado Nacional” resume el reclamo: la Nación cobra impuestos, pero no invierte en infraestructura. Sáenz, alineado en ese diagnóstico, insiste en que no se puede hablar de federalismo cuando el norte argentino queda afuera de toda planificación.
La situación se tensó aún más con la reciente decisión del Gobierno de disolver Vialidad Nacional mediante el Decreto 461/2025. La medida afectó directamente a Salta, donde más de 180 trabajadores quedaron en riesgo, y donde el organismo cumplía una función clave en zonas rurales, pasos fronterizos y rutas nacionales. “Esto no es solo una pelea sindical, es una lucha por el derecho a circular, a vivir, a producir”, sostuvo la secretaria general del gremio vial.
A pesar de los gestos de diplomacia, como la reciente foto de Sáenz con Karina Milei y su llamado al “diálogo y consenso”, el conflicto político es evidente. El gobernador se mostró molesto por el destrato presidencial, sobre todo tras los anuncios de veto a las leyes que los legisladores salteños habían apoyado en el Congreso. “No le clavamos ningún puñal a nadie”, dijo, visiblemente enojado por la falta de reconocimiento a su bloque.
La tensión entre la Casa Rosada y los gobernadores también se explica por el nuevo escenario legislativo. Milei necesita ahora del respaldo de los diputados provinciales para sostener sus vetos. Salta es clave en esa negociación, y Sáenz lo sabe. Por eso endurece su discurso: no para romper, sino para mostrar que el respaldo tiene un límite.
Mientras tanto, el gobernador intenta sostener lo que puede. Firmó un convenio para continuar con las obras de la Ruta 51 por cuenta de la provincia. Pero los recursos no alcanzan, y la paciencia tampoco. El federalismo que defiende Sáenz no puede sostenerse solo con fotos y tuits. Requiere inversión, presencia estatal y decisiones estratégicas que hoy parecen estar ausentes.
El norte, una vez más, reclama ser escuchado. Y Sáenz, en ese reclamo, parece haber cruzado un umbral: el del silencio tolerante a una gestión que hasta aquí solo ha prometido ajuste

Fuente: Salta12

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