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MILEI AL DESNUDO

julio 8, 2026
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MILEI AL DESNUDO

El segundo tiempo de la frustración: entre la goleada y el maquillaje amarillo

El Mundial 2026 copó las pantallas, las mesas y las conversaciones de los argentinos. Sin embargo, en los pasillos del poder se juega otro campeonato, y el tablero político muestra un resultado cada vez más complejo para el oficialismo.

Javier Milei parece haber terminado el primer tiempo con un marcador ampliamente adverso: denuncias de corrupción que golpean al Gobierno, cifras de inflación que una parte importante de la sociedad ya no percibe como reflejo de su realidad cotidiana, tarifas de los servicios públicos en constante aumento y una economía que continúa deteriorando el poder adquisitivo de amplios sectores.

Uno de los síntomas más visibles del desgaste comenzó a observarse en el plano comunicacional. Algunos de los periodistas y comunicadores que acompañaron al oficialismo empezaron a tomar distancia. Quedó expuesto durante la crisis que atravesó el vocero Manuel Adorni, cuando prácticamente nadie salió a respaldarlo. En un intento por preservar la imagen presidencial, varios buscaron despegar el caso de Milei, aunque el costo político ya parecía inevitable.

Para afrontar este segundo tiempo, el oficialismo decidió mover el banco de suplentes. Diego Santilli desembarca como nuevo jefe de Gabinete con la misión de evitar que la derrota política se transforme en una goleada. El objetivo parece claro: incorporar definitivamente al PRO al corazón del Gobierno, aunque —por ahora— sin mostrar a Mauricio Macri ocupando un lugar central en la escena.

La pregunta inevitable es cuál será la estrategia de esta nueva etapa. Todo indica que el oficialismo profundizará una comunicación más agresiva, con mayor presencia en redes sociales, más confrontación discursiva y un renovado aparato de voceros para sostener el relato oficial. Sin embargo, detrás del cambio de nombres, el programa económico parecería mantenerse inalterable: ajuste fiscal, endeudamiento, disciplinamiento social y beneficios para los grandes grupos económicos.

El regreso por la puerta trasera

El PRO vuelve al centro del poder, aunque no por el respaldo de las urnas, sino mediante una administración que llegó prometiendo terminar con «la casta» y terminó incorporando a muchos de los principales funcionarios del gobierno de Mauricio Macri.

La lista resulta conocida: Luis Caputo, Santiago Bausili, Federico Sturzenegger, Pablo Quirno, Patricia Bullrich, Alejandra Monteoliva, Juan Bautista Mahiques, María Ibarzabal Murphy, Ignacio Devitt, Fabián Fernández, Leonardo Cifelli y Carlos Torrendell.

Ahora se suma Diego Santilli, quien asume la Jefatura de Gabinete y pasa a ocupar uno de los lugares más relevantes del Poder Ejecutivo. Su llegada simboliza, para muchos observadores, la consolidación de una nueva etapa en la que La Libertad Avanza profundiza su convergencia con el macrismo.

La paradoja resulta evidente. Durante la campaña electoral, Milei calificaba a Santilli como parte de «la casta» y lo ubicaba entre sus principales adversarios políticos. Hoy lo designa para coordinar el funcionamiento de todo el gabinete nacional.

Este desembarco masivo de dirigentes provenientes del PRO también expone otra realidad: La Libertad Avanza debió apoyarse en cuadros políticos con experiencia para sostener la gestión, configurando una estructura que muchos interpretan como una continuidad del proyecto macrista bajo un nuevo liderazgo.

Entre la tragedia y la farsa

Conviene refrescar la memoria colectiva. Buena parte de quienes hoy ocupan posiciones centrales en el Gobierno integraron la administración que fue derrotada electoralmente en 2019 tras una profunda crisis económica y social.

En aquel momento predominaba una consigna repetida hasta el cansancio: «Primero hay que ganar; después vemos». Para los críticos de ese proceso, esa lógica terminó favoreciendo la continuidad de políticas que, lejos de resolver los problemas estructurales, prepararon el terreno para el surgimiento de una derecha aún más radicalizada.

Hoy vuelve a instalarse una pregunta de fondo. Si frente a la crisis la respuesta vuelve a ser simplemente «ganemos y después vemos», muchos argentinos podrían sentir que ya conocen el desenlace de esa historia.

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