El Mundial 2026 copó las pantallas, las mesas y las conversaciones de los argentinos. En ese contexto futbolero, el gobierno de Javier Milei parece haber terminado el primer tiempo con un resultado adverso: denuncias de corrupción, una inflación que muchos sienten muy distinta a la de las estadísticas oficiales, tarifas de los servicios públicos en constante aumento y un creciente malestar social.

Para afrontar el segundo tiempo, el oficialismo decidió mover el banco de suplentes y realizar un cambio de urgencia. Diego Santilli entra a la cancha como nuevo jefe de Gabinete con la misión de evitar que la derrota política se convierta en una goleada. La estrategia es evidente: incorporar al PRO al corazón de la gestión, aunque sin el protagonismo explícito de Mauricio Macri.

La pregunta es qué ofrecerá esta nueva etapa. Detrás del cambio de nombres, el rumbo económico parece mantenerse inalterable: ajuste fiscal, endeudamiento, disciplinamiento social y un esquema que, según sus críticos, continúa favoreciendo a los grandes grupos económicos.

El PRO regresa al centro del poder por la puerta trasera de un gobierno que llegó prometiendo terminar con «la casta» y terminó incorporando a buena parte de quienes integraron la administración macrista.

El elenco es conocido: Luis Caputo, Santiago Bausili, Federico Sturzenegger, Pablo Quirno, Patricia Bullrich, Alejandra Monteoliva, Juan Bautista Mahiques y ahora Diego Santilli, quien asume la Jefatura de Gabinete como una de las principales figuras de esta nueva etapa.

La paradoja resulta difícil de ignorar. Durante la campaña, Milei cuestionó duramente a Santilli, a quien ubicaba entre los principales exponentes de la «casta». Hoy, ese mismo dirigente ocupa uno de los cargos más estratégicos del Gobierno nacional.

La llegada de dirigentes provenientes del macrismo también expone otra realidad: La Libertad Avanza debió recurrir a cuadros políticos con experiencia para sostener la gestión, consolidando una estructura que muchos interpretan como una continuidad del proyecto del PRO, aunque bajo un nuevo liderazgo.

Los protagonistas cambian, pero las preguntas permanecen. El verdadero resultado del segundo tiempo no lo definirán los anuncios ni los cambios de gabinete, sino el impacto que las políticas oficiales tengan sobre el empleo, el salario, el consumo y la vida cotidiana de millones de argentinos.

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