El presidente participó de un culto evangélico donde calificó los derechos sociales como “obra del Diablo”. Defendió su política económica, criticó al peronismo y reforzó su visión mesiánica mientras crece el rechazo social y político a sus medidas.
En Chaco, el presidente Javier Milei subió al púlpito de una iglesia evangélica y justificó su política económica con pasajes de la Biblia. Allí despotricó contra la justicia social –derechos sociales, laborales, derecho a la salud, a la educación y otros–. También atacó las ideas socialistas, en alusión al peronismo, asegurando que se contraponen al capitalismo liberal y calificando los derechos del pueblo trabajador como “obra del Diablo”.
Desde que asumió, Milei se siente acompañado por “las fuerzas del cielo” y reafirma su alianza con el Estado teocrático de Israel y su defensa del genocidio contra el pueblo palestino.
El pastor Jorge Ledesma aprovechó la ocasión para difundir que el nuevo templo lo había financiado Dios. Contó que tenía 100.000 pesos en su cuenta bancaria y, al retirarlos, se habían convertido en 100.000 dólares. Nada más insólito: hacer creer que es un milagro, mientras justifican el cierre del Instituto Nacional del Cáncer, del Hospital Garrahan y dejan a más de 50.000 personas en situación de calle.
El delirio místico de Milei se da en un contexto donde su Gobierno perdió la confianza de los especuladores financieros y el control de la agenda parlamentaria. El Senado dio aval para tratar proyectos que otorgan un modesto aumento a jubilaciones y pensiones, siendo que hambrear a los adultos mayores es una de las claves de su “equilibrio fiscal”.
Los gobernadores, a su vez, presentaron su propio proyecto para aumentar el envío de fondos a las provincias. Milei conquistó sus leyes mediante compra de votos y extorsión, como se vio en la Ley de Bases.
El autoritarismo mesiánico que alardea el presidente atrasa más de 300 años en la elemental secularización del Estado. La Revolución Francesa derribó al absolutismo monárquico: la legitimidad de un gobierno ya no se explica por fuerzas divinas, sino por actores sociales de carne y hueso.





