Javier Milei anuncia que “congela” su sueldo mientras habilita aumentos para la cúpula de su gobierno, en un país donde millones sobreviven con ingresos pulverizados. El gesto, presentado como un sacrificio personal, no es más que marketing libertario: épica individual para las redes sociales, ajuste real para el pueblo.

Mientras jubilados sobreviven con haberes de miseria, los trabajadores pierden poder adquisitivo y el ajuste se descarga sobre las mayorías, el Presidente intenta correrse del foco con una narrativa personalista. Dice no aumentarse el sueldo, pero permite que lo hagan sus funcionarios. Predica el achique del Estado, pero sostiene los privilegios de su élite política y maneja a su antojo los gastos reservados.

Detrás de este esquema aparece la verdadera arquitectura del poder. Ya nadie discute quién tiene hoy la lapicera oficial: Karina Milei. La hermana presidencial fue consagrada como Personaje del Año 2025 por la revista Noticias, convertida en el símbolo de una megaestructura política que creció a la sombra del ajuste.

Un entramado propio, con reacomodamientos internos, el cierre de viejas acusaciones y una frágil tregua con Santiago Caputo —impuesta por el propio Milei—, junto a las primeras escaramuzas con Patricia Bullrich por el control del Senado, una figura marcada por su nefasto rol en la represión policial contra jubilados.

La escena se completa con el ataque sistemático al periodismo. Frente a cualquier cuestionamiento, Milei no responde con argumentos, sino con agravios: periodistas “chimenteros”, medios “mentirosos”, enemigos por todos lados. La Nación, fiel a su estilo, corrigió el título, pero el hecho permanece: el aumento salarial existe y la desigualdad se profundiza.

El problema no es si Milei se sube o no el sueldo. El verdadero problema es un modelo que ajusta al pueblo y blinda a los de arriba, mientras concentra poder en un círculo familiar y político cada vez más cerrado. Karina Milei cierra el año con un objetivo claro: llegar a 2027 con un cargo ejecutivo, como candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

No es austeridad. Es acumulación de poder.
Y, como siempre, la cuenta la paga el pueblo, cada vez con más sacrificio.

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