Javier Milei comunicó a su cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni, la designación de un reemplazante, aunque no para la Jefatura de Gabinete sino para la Vocería Presidencial. El elegido es el diputado nacional Adrián Ravier.

La noticia generó especulaciones en medio de la profunda crisis política que atraviesa el gobierno de Javier y Karina Milei. La designación de Ravier, un dirigente de bajo perfil nacional, para un cargo de alta exposición pública como la Vocería Presidencial, fue interpretada por distintos sectores como un nuevo movimiento dentro de la disputa de poder que atraviesa al oficialismo.
Según distintas versiones, la decisión habría sido impulsada directamente por el Presidente con el objetivo de mostrar que el nuevo vocero no responde al ministro de Economía, Luis Caputo, ni forma parte de ninguna de las facciones que hoy protagonizan la creciente interna libertaria.
La puja de poder enfrenta, por un lado, al sector encabezado por Karina Milei y los hermanos Menem y, por otro, al espacio referenciado en el asesor presidencial Santiago Caputo. En ese contexto, la salida de Adorni de la vocería es interpretada por algunos sectores como un retroceso político para el funcionario y, en consecuencia, para el armado que responde a la hermana del Presidente.
Al mismo tiempo, dentro del denominado «caputismo» consideran que la llegada de Ravier representa un avance propio dentro de la estructura de poder del Gobierno.
Sin embargo, en una administración atravesada por permanentes disputas internas, cambios de alianzas y tensiones de poder, pocos se animan a realizar pronósticos definitivos. En un escenario donde las lealtades parecen cambiar con frecuencia, la designación del nuevo vocero abre más interrogantes de los que resuelve.





