En diálogo con Eduardo Feinmann en Radio Mitre, Sáenz expresó: “Meter a todos en la misma bolsa y pensar que somos todos iguales es injusto. Hay muchos legisladores y gobernadores que, con responsabilidad institucional y democrática, apoyamos leyes importantes para llevar adelante el plan de gobierno”.

En tiempos donde el consenso se confunde con traición y la crítica con deslealtad, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, decidió hablar claro. Sus declaraciones no solo funcionan como una defensa personal frente a los ataques del presidente Javier Milei, sino que también representan el hartazgo de una parte del federalismo argentino que se siente injustamente incluida en la «bolsa» de enemigos del Gobierno.

Luego de la sesión del Senado que revirtió varios vetos presidenciales, incluyendo el aumento a jubilados y la emergencia en discapacidad, Milei reaccionó con dureza, acusando a gobernadores y legisladores de traicionar su proyecto. Sáenz, que acompañó muchas de esas leyes, o casi todas, respondió con firmeza pero sin romper el tono dialoguista que lo caracteriza: “Meter a todos en la misma bolsa es injusto”, afirmó.

La respuesta del mandatario salteño no fue un simple descargo. Fue un reclamo al estilo de conducción presidencial, de agravios y amenazas. Señaló lo que falta: humildad, reconocimiento y federalismo real. Y lo que sobra: agravios, generalizaciones y una mirada porteñocéntrica que desconoce las realidades del interior.

El gobernador recordó que su apoyo al gobierno nacional le costó políticamente: la intervención del Partido Justicialista, debido a que los legisladores Outes, Caletti y Varga —del PJ dentro de su frente— fueron desplazados, y también una campaña local llena de agravios por parte del espacio libertario. Consultado sobre el “puñal” del que habló Milei en sus redes sociales, Sáenz fue contundente: “Nosotros no hemos clavado ningún puñal. Siempre estuvimos dispuestos al diálogo. Las intransigencias no son buenas, de ninguna de las partes”.

Pese a eso, se mantuvo institucionalmente al lado del Gobierno, votando leyes clave. Pero el destrato fue el límite.

Su mensaje, claro y medido, pone el foco donde más duele: “El día que los funcionarios de Buenos Aires recorran el país y entiendan las diferencias entre provincias, recién ahí podrán tomar decisiones justas”.

Sáenz, sin romper el diálogo, deja una advertencia: la lealtad no se impone con insultos ni se exige desde Twitter. Se construye con respeto mutuo, reconocimiento y sentido común. Ignorar eso, en tiempos de crisis, puede costar muy caro.

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